viernes, 5 de abril de 2013

Hijos del Drago. Fernando Santiago

El Drago caído
SEGUIREMOS el consejo del 'Shinbone Star' que dejó más o menos establecido que "cuando la leyenda y los hechos no coinciden, se imprime la leyenda" y daremos por confirmado que bajo las raíces del drago del Tinte estaba enterrado el rey Geryon , lo que le daba el color rojo a su savia, aunque los técnicos de Parques y Jardines del Ayuntamiento y los de Medio Ambiente de la Junta no entren en tales extremos. Como bien dijo en estas páginas Purita González de la Blanca, el drago caído era el ser vivo de más edad en la ciudad de Cádiz. Vio pasar guerras, revoluciones y golpes de estado, vivió la Casa de Contratación, la elaboración de la primera Constitución española, dos dictaduras, dos repúblicas, siete reyes y dos periodos democráticos. Su frondosa copa vio pasar a Lord Byron, el duque de Wellington, el general Sanmartín, Mejía Lequerica, el Divino Argüelles, Fernando VII, Bernardino Rivadavia y Trostky. Cobijó la llegada a España del romanticismo y el modernismo, gozó con los versos de Alberti y de los poetas populares, vio nacer al flamenco por las calles a las que daba sombra y donde lucía con su porte y su estampa. Fue testigo de la Edad de Oro de Cádiz, la de las flotas de Indias, la Edad de Plata, la de los vapores correos, y la Edad de Bronce, la del auge de la construcción naval. En definitiva, un símbolo caído por el abandono de la Junta, la pasividad del Ayuntamiento, las disputas entre los partidos políticos y la abulia de los gaditanos, el síntoma de los tiempos y un ejemplo de la decadencia de la ciudad. No sé si se podrá trasplantar y podrá revivir, aunque me malicio que será difícil. Es hasta complicado que la Junta y el Ayuntamiento se pongan de acuerdo para algo tan sencillo, de la misma manera que no lo hicieron para evitar la caída de tan hermoso árbol. Es irremediable que sea menester plantar un nuevo drago en el mismo lugar para que el trabajo de Hércules no se vea mermado, así que nos podemos aplicar el cuento de Napoleón: iba el genial corso con sus ayudantes tras la batalla de Las Pirámides y dijo: "En aquellas lomas, dentro de unos años, plantaremos cedros". A lo que respondió un edecán: "Pero, mariscal, los cedros tardan cientos de años en crecer". "Entonces, plantadlos mañana mismo", concluyó Napoleón. Eso.

Publicado en http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1495333/hijos/drago.html

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