El pasado viernes se publicó la primera parte de este largo artículo. Los que por primera vez accedan a él pueden leer la primera parte si tienen interés. Es el artículo que le precede.
Hay otra cuestión en la que me gustaría insistir para apreciar algunas de las diferencias. Es el particular caso que se da entre las dos grandes formaciones que se reclaman de izquierda; El origen de los proyectos o los programas y del “qué hacer” que son radicalmente distintos.
El PSOE gobierna entre el estrecho margen que le deja las presiones de los mercados, los poderes económicos y los estudios demoscópicos. Es la democracia instantánea. Los programas y los proyectos se hilvanan a partir de la detección de las necesidades expresadas en encuestas y estudios de opinión y, también, de las aspiraciones de otros sectores de la población que acaban siendo, debido a su alto poder de organización, auténticos nichos de votantes. De ahí parten las iniciativas. El electorado ya no es aquella clase con unas determinadas necesidades sociales y económicas. El electorado propio resulta ser el todo. Lo importante es ganar, llegar, y para ello, hay que tocar muchos palos. La economía, hasta la crisis, fue apartada de la política, ya no era el factor determinante, lo eran en cambio las bolsas de votantes organizados o semiorganizados que llamaban la atención sobre sus problemas concretos. De la reducción de las desigualdades económicas a la corrección de las desigualdades sociales. La atención a este electorado, desatendido por otros partidos por el carácter rompedor de lo establecido de gran parte de sus demandas tenían la virtud de garantizar la mayoría frente a una derecha insensible al cambio social. Lo importante es conseguir el poder aunque para ello hubiese que disfrazarse de lo que fuera.
Existía, existe, el voto cautivo y el voto emocional. Se parte del voto histórico como base central del éxito del proyecto al que hay que sumar esas bolsas sectoriales, desclasadas, que corresponde a las minorías y colectivos para que posibiliten ese plus que puede dar el triunfo. La política se hace más dinámica, de la noche a la mañana surgen nuevos proyectos diseñado en los laboratorios de interpretación de la “voluntad popular” que a su vez, son inducidos por los media y por un uso inteligente del marketing. Son enunciados por asesores y anunciados, casi siempre, por el máximo dirigente. El programa es dinámico y secreto y lo es, porque la sorpresa es un valor y también, porque lo que hoy puede ser válido, tiene posibilidades de que mañana las encuestas o el mercado digan lo contrario. De ahí, los cambios súbitos, que despistan y paraliza a los que tienen que dar explicaciones o les obliga a hacer piruetas en falso (el partido).
Las famosas contradicciones, el desconocimiento por parte del partido e incluso, por otros miembros del gobierno de medidas que en buena lógica les correspondería aprobar. El partido y los otros dirigentes se enfrentan a lo desconocido, es la fe en el líder lo que les mueve y es el líder, sabedor del valor que tiene para el colectivo el único depositario de la voluntad colectiva.
En Izquierda Unida, heredera de una cultura y un modo de hacer distinto, el proceso resulta ser el contrario. Aquí es la rigidez en los programas y la fidelidad a unos principios la que marcan la tónica. Principios establecidos en el “cómo queremos” (el partido) y no en el “como quieren” (la ciudadanía). Principios heredados, la mayoría de las veces, de análisis que se amparan en realidades sociales que no se corresponden ya de modo estricto con el presente. El partido, la coalición en este caso, refleja fielmente lo que sus integrantes desean para la sociedad y ese deseo es expuesto como tal al electorado. La coalición sigue aplicando el gramsciano concepto de vanguardia e intelectual colectivo y lo aplica en sus relaciones con la clase que dice defender. Ahí, en ese intelectual colectivo y desde un rigor de izquierda es donde se deposita el saber y la única política posible. De esa mecánica surgen los programas, los mismos que, elección tras elección, se revelan como proyectos rebosantes de pureza y rigor izquierdista pero que tienen en cambio, el defecto de no despertar el entusiasmo mayoritario en los sectores populares y en la clase trabajadora que mayoritariamente sigue respaldando al otro partido de izquierda o simplemente, se quedan en casa.
La única vía posible es convencer al pueblo de izquierda de que ellos están en la “razón” pero aquí chocamos con la credibilidad de las personas que proponen, con un sistema electoral a todas luces injusto y con la falta de acceso a los “mayoristas” de la comunicación. Demasiados obstáculos para ser vencidos a corto plazo. La solución podría venir de la mano de propuestas que estén en mayor consonancia con lo que en el CIS se identifica como izquierda entre los valores 3 y 6 (pág. 18 Barometro CIS) pero al parecer eso no forma parte de la hoja de ruta de la coalición de izquierda que esta sometida, no lo olvidemos, en lo ideológico a fuertes contradicciones internas. El “programa, programa, programa” de Anguita expresaba como pocos ese rigor. Esa reiterada llamada era la vacuna propuesta para combatir los efectos disgregadores de la fidelidad ideológica de los grupos que conforma la coalición. Si la unidad interna es algo imposible en lo ideológico, si lo podrá ser, en cambio, en relación a las propuestas.
No creo posible un cambio de la política que viene aplicando el PSOE. Sin duda, de cara a las próximas elecciones se tratará de sondear lo que quieren los votantes desertores y habrá alguna que otra oferta-señuelo. No creo que pueda darse un cambio interno en mayor profundidad, porque esas masas obreras y los “mayores” ni están representadas en el partido, ni lo están en un gobierno en el que se da cabida a una ministra de treinta y dos años que ha calificado, sin más, a los mayores de cincuenta años como gerontocracia y no lo creo, porque Zapatero tiene un proyecto a largo plazo que consiste en cambiar las bases ideológicas, estructurales y generacionales de un partido centenario. Es una limpieza ideológica y generacional en toda regla en la que esta embarcado el núcleo dirigente del PSOE en medio de la pasividad generalizada de todo el partido. El PSOE hoy es el partido de otros, pero no es el partido de lo que antes considerábamos las clases obreras y populares.
En cuanto a IU son necesarios muchos cambios internos de carácter organizativo e ideológico para que pueda adelantar posiciones en los sectores de votantes socialistas desencantados. Los intentos habidos no parece que hayan dado sus frutos. Aunque sea aún pronto para decirlo, son necesarios otros muchos gestos. No es cuestión tan solo de trabajo, son otras cosas y hay ya mucha gente en el seno de la coalición que están al tanto de ello, son estos, los que deben llevar ese convencimiento propio al conjunto de la coalición.
La batalla para la izquierda es, como casi siempre, una batalla previa interna. Se trata de resolver los problemas, contradicciones y desorientación en la que estamos instalados, mientras eso no ocurra será imposible convertir ese cincuenta por ciento de españoles que se consideran asimismo de izquierda en una mayoría electoral.
Copiado del blog MORAL Y POLÍTICA
Las cosas que acabarán con la raza humana son: la política sin principios, el progreso sin compasión, la riqueza sin esfuerzo, la erudición sin silencio, la religión sin riesgo y el culto sin conciencia. - Anónimo
martes, 17 de agosto de 2010
Los españoles pagamos más impuestos que la media europea y cobramos menos
Así lo aseguran los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha).
Si al IRPF sumamos el IVA y los impuestos especiales, la presión fiscal se eleva hasta el 47%, frente al 43% de media europea.
Además, nuestro salario medio es el es el más bajo de Europa con 22.802 euros, sólo por delante del de Portugal

Los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) aseguran que los trabajadores españoles soportan un esfuerzo fiscal por encima de la media de los países del euro, porque aunque los impuestos sobre las rentas del trabajo son inferiores en España, aún es menor el salario medio.
Este informe se publica poco después de las declaraciones del ministro de Fomento, José Blanco, que aseguró que los impuestos españoles son "muy bajos" y que deberían ser "homologados" a la media de la UE.
El colectivo reconoce en un comunicado que España está entre los países de la zona euro donde el porcentaje del salario que se destina al pago de impuestos (IRPF) es más bajo, del 37,8% frente a una media del 43,1%.
España es el país de Europa
donde más ha crecido
el esfuerzo fiscal de los trabajadores
Sin embargo, el sindicato advierte de que si se consideran los impuestos que gravan el consumo (IVA e impuestos especiales), la presión fiscal sobre el salario medio español se elevaría hasta el 47% y podría incluso superar el 50% si se añaden los impuestos sobre sucesiones o las tasas municipales, entre otros.
Asimismo, los técnicos de Hacienda denuncian que la presión fiscal es menor para las rentas "que pueden ser ocultadas" como las de empresas y profesionales, razón por la que creen prioritario un mayor esfuerzo en la lucha contra el fraude y la economía sumergida.
n cualquier caso, las declaraciones José Blanco no contemplaban los datos que revela Gestha, como el hecho de que el salario medio en España sea de 22.802 euros, el más bajo de Europa, sólo por encima del de Portugal y muy lejos de los Luxemburgo, con 46.524 euros anuales de media, Alemania, con 43.942 o Francia, con 32.286 euros. El salario medio europeo se sitúa en 33.997,5 euros anuales.
Además, segun informan los técnicos del Ministerio de Hacienda, "nuestro país es el territorio de la Zona Euro donde mas ha crecido el esfuerzo fiscal de las rentas del trabajo en los últimos cinco años, sin tener en cuenta la reciente subida de impuestos anunciada hace poco más de un mes por el Ejecutivo".
Tomado de 20minutos
Más información en EL PAÍS y en LA VOZ DE CÁDIZ
Si al IRPF sumamos el IVA y los impuestos especiales, la presión fiscal se eleva hasta el 47%, frente al 43% de media europea.
Además, nuestro salario medio es el es el más bajo de Europa con 22.802 euros, sólo por delante del de Portugal

Los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) aseguran que los trabajadores españoles soportan un esfuerzo fiscal por encima de la media de los países del euro, porque aunque los impuestos sobre las rentas del trabajo son inferiores en España, aún es menor el salario medio.
Este informe se publica poco después de las declaraciones del ministro de Fomento, José Blanco, que aseguró que los impuestos españoles son "muy bajos" y que deberían ser "homologados" a la media de la UE.
El colectivo reconoce en un comunicado que España está entre los países de la zona euro donde el porcentaje del salario que se destina al pago de impuestos (IRPF) es más bajo, del 37,8% frente a una media del 43,1%.
España es el país de Europa
donde más ha crecido
el esfuerzo fiscal de los trabajadores
Sin embargo, el sindicato advierte de que si se consideran los impuestos que gravan el consumo (IVA e impuestos especiales), la presión fiscal sobre el salario medio español se elevaría hasta el 47% y podría incluso superar el 50% si se añaden los impuestos sobre sucesiones o las tasas municipales, entre otros.
Asimismo, los técnicos de Hacienda denuncian que la presión fiscal es menor para las rentas "que pueden ser ocultadas" como las de empresas y profesionales, razón por la que creen prioritario un mayor esfuerzo en la lucha contra el fraude y la economía sumergida.
n cualquier caso, las declaraciones José Blanco no contemplaban los datos que revela Gestha, como el hecho de que el salario medio en España sea de 22.802 euros, el más bajo de Europa, sólo por encima del de Portugal y muy lejos de los Luxemburgo, con 46.524 euros anuales de media, Alemania, con 43.942 o Francia, con 32.286 euros. El salario medio europeo se sitúa en 33.997,5 euros anuales.
Además, segun informan los técnicos del Ministerio de Hacienda, "nuestro país es el territorio de la Zona Euro donde mas ha crecido el esfuerzo fiscal de las rentas del trabajo en los últimos cinco años, sin tener en cuenta la reciente subida de impuestos anunciada hace poco más de un mes por el Ejecutivo".
Tomado de 20minutos
Más información en EL PAÍS y en LA VOZ DE CÁDIZ
lunes, 16 de agosto de 2010
¿Quién teme a las primarias feroces?, por Eduardo Mangada
De pronto, un cataclismo, una gran tragedia se cierne sobre Madrid: el anunciado proceso de primarias en el seno del PSM y casi del propio PSOE. Algún destacado militante socialista ha llegado, incluso, a predecir "un suicidio colectivo" si tales primarias se llevan a cabo.
El catastrofismo y las reacciones histéricas y desmesuradas que provocan las primarias solo denotan una cosa, falta de madurez política, falta de compromiso con una práctica legítima y necesaria en una sociedad adulta y democrática.
Soy una persona con una larga trayectoria política en defensa de una cultura de izquierdas, una cultura socialdemócrata, y desde hace ya bastantes años estoy afiliado al PSOE, bajo cuyas siglas he trabajado en y por Madrid. Baste esta presentación para legitimar estas líneas.
Hace unos años, no muchos, la implantación del proceso de primarias en el seno del PSOE, para elegir tanto a los responsables orgánicos como a los aspirantes a cargos públicos importantes, se anunció como un éxito de transparencia democrática. Así se proclamaba, tanto dentro del partido, como ante los propios ciudadanos, en cuya defensa los socialistas trabajaban y a los que solicitaban el voto para poder transformar en realidades, dentro de los organismos públicos, los intereses y las aspiraciones colectivas.
Las primarias no se pensaron como un último recurso para dirimir conflictos, sino como un marco en el que aflorasen líderes e ideas.
He participado activamente en algunas primarias de gran significado, apoyando a uno u otro candidato y debatiendo, desde las agrupaciones a las páginas de periódicos, las cualidades personales confrontadas. Se trataba de identificar y defender con convicción una política socialdemócrata avanzada, valorando, al mismo tiempo, la capacidad de cada uno para transmitir a los ciudadanos, razonadamente y con entusiasmo, un proyecto progresista que legitimaba la petición de voto para poder transformar ese discurso en acción de gobierno, tanto en el municipio como en el Estado.
Aquellos procesos fueron enriquecedores porque movilizaron unas organizaciones un tanto apáticas y revivieron un debate ideológico, inteligente y respetuoso, en el seno del Partido Socialista, a la vez que ayudaban a despertar el interés, la curiosidad y la proximidad de muchos ciudadanos que percibieron, al fin, un atisbo de vitalidad y de transparencia en el seno de un partido de izquierdas.
Por eso hoy, todos los socialistas deberíamos saludar, sin reservas mezquinas o miedos corporativos, esta nueva ocasión de confrontar distintas interpretaciones, distintas sensibilidades sobre lo que deba ser la esencia de una política socialdemócrata y su inseparable corolario del Estado del bienestar. Más todavía en estos tiempos, en los que una cruzada neoconservadora intenta arrasar las conquistas sociales de los dos últimos siglos.
Ábranse las esclusas interiores para que circule una corriente de ideas que renueve y reafirme nuestra cultura política. Ábranse las puertas y ventanas para que los ciudadanos puedan vernos vivos y próximos.
Hablemos de Madrid. Es difícil entender y aceptar con tranquilidad la proclamación, casi la imposición, desde las alturas de unos posibles candidatos a la presidencia de la CAM y a la alcaldía de Madrid. Difícil y, me atrevo a decir que negativo, por muy valiosas que sean las personas propuestas, a las que me unen amistad y, en el caso de Lissavetzky, un largo e intenso trabajo político plenamente compartido. En todo caso, la historia reciente, con aterrizajes forzados y siempre extraños a los ciudadanos, no es precisamente exitosa.
El PSM y su secretario general, junto con los parlamentarios autonómicos, los concejales, los alcaldes y los miembros de las distintas agrupaciones, han pasado años duros frente a una política muy agresiva de la derecha madrileña. Han conocido, día a día, y sufrido en sus carnes los graves problemas, desmadres e incluso corrupciones que han azotado esta comunidad. Por todo esto tienen experiencia y valor acumulado para ser ellos, en primer lugar, los que, en un ejercicio de responsabilidad, elijan y propongan a los candidatos en las próximas confrontaciones electorales. Digo en primer lugar, lo que no excluye el contraste y la colaboración con la ejecutiva federal. Aun más, me consta que, desde hace ya meses, se está haciendo un esfuerzo de análisis, diagnóstico y formulación de posibles proyectos, para construir una región y unas ciudades más justas integradas y eficientes. Más bellas. Trabajo en el que colaboramos afiliados y simpatizantes (no me gusta la palabra militantes) basado en el conocimiento y la experiencia antes señalados.
Por todo ello, creo que las propuestas de personas y programas nacidos del PSM merecen una valoración prioritaria, aunque no exclusivas. Con mi voz apoyo esta opción en las próximas primarias. Oiré atentamente a los candidatos y votaré en conciencia, no al más valorado por las encuestas sino al que mejor encarne un comprometido programa socialista.
Eduardo Mangada es arquitecto. Fue consejero de los Gobiernos socialistas de Joaquín Leguina entre 1983 y 1991.
Publicado en El País.
El catastrofismo y las reacciones histéricas y desmesuradas que provocan las primarias solo denotan una cosa, falta de madurez política, falta de compromiso con una práctica legítima y necesaria en una sociedad adulta y democrática.
Soy una persona con una larga trayectoria política en defensa de una cultura de izquierdas, una cultura socialdemócrata, y desde hace ya bastantes años estoy afiliado al PSOE, bajo cuyas siglas he trabajado en y por Madrid. Baste esta presentación para legitimar estas líneas.
Hace unos años, no muchos, la implantación del proceso de primarias en el seno del PSOE, para elegir tanto a los responsables orgánicos como a los aspirantes a cargos públicos importantes, se anunció como un éxito de transparencia democrática. Así se proclamaba, tanto dentro del partido, como ante los propios ciudadanos, en cuya defensa los socialistas trabajaban y a los que solicitaban el voto para poder transformar en realidades, dentro de los organismos públicos, los intereses y las aspiraciones colectivas.
Las primarias no se pensaron como un último recurso para dirimir conflictos, sino como un marco en el que aflorasen líderes e ideas.
He participado activamente en algunas primarias de gran significado, apoyando a uno u otro candidato y debatiendo, desde las agrupaciones a las páginas de periódicos, las cualidades personales confrontadas. Se trataba de identificar y defender con convicción una política socialdemócrata avanzada, valorando, al mismo tiempo, la capacidad de cada uno para transmitir a los ciudadanos, razonadamente y con entusiasmo, un proyecto progresista que legitimaba la petición de voto para poder transformar ese discurso en acción de gobierno, tanto en el municipio como en el Estado.
Aquellos procesos fueron enriquecedores porque movilizaron unas organizaciones un tanto apáticas y revivieron un debate ideológico, inteligente y respetuoso, en el seno del Partido Socialista, a la vez que ayudaban a despertar el interés, la curiosidad y la proximidad de muchos ciudadanos que percibieron, al fin, un atisbo de vitalidad y de transparencia en el seno de un partido de izquierdas.
Por eso hoy, todos los socialistas deberíamos saludar, sin reservas mezquinas o miedos corporativos, esta nueva ocasión de confrontar distintas interpretaciones, distintas sensibilidades sobre lo que deba ser la esencia de una política socialdemócrata y su inseparable corolario del Estado del bienestar. Más todavía en estos tiempos, en los que una cruzada neoconservadora intenta arrasar las conquistas sociales de los dos últimos siglos.
Ábranse las esclusas interiores para que circule una corriente de ideas que renueve y reafirme nuestra cultura política. Ábranse las puertas y ventanas para que los ciudadanos puedan vernos vivos y próximos.
Hablemos de Madrid. Es difícil entender y aceptar con tranquilidad la proclamación, casi la imposición, desde las alturas de unos posibles candidatos a la presidencia de la CAM y a la alcaldía de Madrid. Difícil y, me atrevo a decir que negativo, por muy valiosas que sean las personas propuestas, a las que me unen amistad y, en el caso de Lissavetzky, un largo e intenso trabajo político plenamente compartido. En todo caso, la historia reciente, con aterrizajes forzados y siempre extraños a los ciudadanos, no es precisamente exitosa.
El PSM y su secretario general, junto con los parlamentarios autonómicos, los concejales, los alcaldes y los miembros de las distintas agrupaciones, han pasado años duros frente a una política muy agresiva de la derecha madrileña. Han conocido, día a día, y sufrido en sus carnes los graves problemas, desmadres e incluso corrupciones que han azotado esta comunidad. Por todo esto tienen experiencia y valor acumulado para ser ellos, en primer lugar, los que, en un ejercicio de responsabilidad, elijan y propongan a los candidatos en las próximas confrontaciones electorales. Digo en primer lugar, lo que no excluye el contraste y la colaboración con la ejecutiva federal. Aun más, me consta que, desde hace ya meses, se está haciendo un esfuerzo de análisis, diagnóstico y formulación de posibles proyectos, para construir una región y unas ciudades más justas integradas y eficientes. Más bellas. Trabajo en el que colaboramos afiliados y simpatizantes (no me gusta la palabra militantes) basado en el conocimiento y la experiencia antes señalados.
Por todo ello, creo que las propuestas de personas y programas nacidos del PSM merecen una valoración prioritaria, aunque no exclusivas. Con mi voz apoyo esta opción en las próximas primarias. Oiré atentamente a los candidatos y votaré en conciencia, no al más valorado por las encuestas sino al que mejor encarne un comprometido programa socialista.
Eduardo Mangada es arquitecto. Fue consejero de los Gobiernos socialistas de Joaquín Leguina entre 1983 y 1991.
Publicado en El País.
CC OO y UGT instan al Gobierno a reformar la actual política fiscal
CC OO y UGT instan al Gobierno a reformar la actual política fiscal abogando por una recuperación de su carácter progresivo y distribuidor, además de permitir combatir el déficit público por la vía de los ingresos, según informaron ambas organizaciones en sendos comunicados.
CC OO, tras conocer las declaraciones del ministro de Fomento, José Blanco, en las que defendía una subida de impuestos, cree que "es necesario un giro en la política fiscal que recupere el carácter progresivo y distribuidor, y que ayude a que haya ingresos suficientes".
El secretario confederal internacional de CC OO, Javier Doz, exigió que se "aclaren" desde la Administración y den a conocer a los ciudadanos cuál es la política fiscal del Gobierno, calificada por Doz como "errática y regresiva".
Por su parte, UGT ha defendido y defiende "atajar" el déficit público buscando otras alternativas diferentes a las políticas de recorte y ajuste impuestas por el Gobierno.
En este sentido, el sindicato viene reclamando, desde hace tiempo, una reforma global del sistema fiscal, orientada a "favorecer" la progresividad del sistema, es decir, "que pague más quien más tiene".
Ambas organizaciones sindicales coinciden en la "exigencia" de una nueva política fiscal cuya demanda ha sido ya expresada en el manifiesto redactado con motivo de la huelga general del próximo 29 de septiembre.
Publicado en Cinco Días
CC OO, tras conocer las declaraciones del ministro de Fomento, José Blanco, en las que defendía una subida de impuestos, cree que "es necesario un giro en la política fiscal que recupere el carácter progresivo y distribuidor, y que ayude a que haya ingresos suficientes".
El secretario confederal internacional de CC OO, Javier Doz, exigió que se "aclaren" desde la Administración y den a conocer a los ciudadanos cuál es la política fiscal del Gobierno, calificada por Doz como "errática y regresiva".
Por su parte, UGT ha defendido y defiende "atajar" el déficit público buscando otras alternativas diferentes a las políticas de recorte y ajuste impuestas por el Gobierno.
En este sentido, el sindicato viene reclamando, desde hace tiempo, una reforma global del sistema fiscal, orientada a "favorecer" la progresividad del sistema, es decir, "que pague más quien más tiene".
Ambas organizaciones sindicales coinciden en la "exigencia" de una nueva política fiscal cuya demanda ha sido ya expresada en el manifiesto redactado con motivo de la huelga general del próximo 29 de septiembre.
Publicado en Cinco Días
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El error de bajar impuestos
Un dogma neoliberal por excelencia es que bajar impuestos siempre resulta beneficioso para la economía. Pero lo único indiscutible es que recaudar menos impuestos debilita el músculo financiero del Estado. En épocas de bonanza esa falta de ingresos se nota menos, dado que en la hucha pública entran tributos de carácter transitorio, como ocurrió en España durante los años del boom inmobiliario. Pero cuando llegan los malos tiempos se genera un enorme déficit público porque la capacidad recaudatoria del Estado se encuentra bajo mínimos. La derecha (o quienes ejecutan sus políticas) aprovecha entonces ese elevado déficit para defender recortes del gasto público y poner en la picota el Estado del bienestar.
En un reciente informe, la Comisión Europea califica como “infundadas” las políticas fiscales ejecutadas en España entre 1995 y 2007, que destacaron por la reducción de impuestos a los más ricos (bajada del tipo máximo del IRPF del 56 al 43%, eliminación del Impuesto de Patrimonio …). Es sabido que la Comisión Europea no es un nido de marxistas, así que su declaración debería tener especial valor. Lo único que sorprende es que realice ahora esta confesión, ya que habitualmente se dedica a alentar las políticas neoliberales clásicas.
Los impuestos no pueden ahogar a los empresarios y a los trabajadores, pero es imprescindible que el Estado recaude lo necesario para tener una hucha repleta, que le permita dedicar esos fondos a políticas sociales y redistributivas. Y, como es lógico, el dinero de esa hucha debe proceder básicamente de los bolsillos que más tienen.
En un reciente informe, la Comisión Europea califica como “infundadas” las políticas fiscales ejecutadas en España entre 1995 y 2007, que destacaron por la reducción de impuestos a los más ricos (bajada del tipo máximo del IRPF del 56 al 43%, eliminación del Impuesto de Patrimonio …). Es sabido que la Comisión Europea no es un nido de marxistas, así que su declaración debería tener especial valor. Lo único que sorprende es que realice ahora esta confesión, ya que habitualmente se dedica a alentar las políticas neoliberales clásicas.
Los impuestos no pueden ahogar a los empresarios y a los trabajadores, pero es imprescindible que el Estado recaude lo necesario para tener una hucha repleta, que le permita dedicar esos fondos a políticas sociales y redistributivas. Y, como es lógico, el dinero de esa hucha debe proceder básicamente de los bolsillos que más tienen.
domingo, 15 de agosto de 2010
Del porqué IU no rentabiliza el enfado con los socialistas (I)
(Lo he leído en el blog MORAL Y POLÍTICA y por su interés lo traigo aquí)
El problema de la izquierda, de los ciudadanos que votan izquierda y que están defraudados con el Presidente del Gobierno y con la política del PSOE, es el de no encontrar salida al dilema, de seguir las cosas así, con el que se enfrentaran a la hora de votar.
¿Qué votar? ¿En qué sentido lo van a hacer los antiguos votantes socialistas que se manifiestan, encuesta tras encuesta, desencantados con la actual política del gobierno?
Los datos que hasta ahora nos ofrece el CIS y otros gabinetes demoscópicos son inequívocos. El staff socialista mantiene la esperanza de recortar esas diferencias mientras, paradójicamente, sigue profundizando en las políticas que han servido para crear ese divorcio con parte de su electorado. El Partido Popular no avanza pero mantiene intactas sus expectativas. Quien retrocede es el Partido Socialista.
Ese voto, como ha ocurrido en alguna otra ocasión, se queda en casa. Es un voto socialista y al mismo tiempo, esa es la cuestión que hay que atender, porque se tiende a pensar lo contrario, es un voto socialista moderado. Quiere políticas basadas en el socialismo democrático y cuando no las encuentra castiga con su abstención no solo al PSOE si no que también, de modo indirecto, lo hace con la izquierda en su conjunto.
Es exigente y poco exigente a la vez. Es exigente con los suyos, a los que reclama actuaciones en el marco de la economía y no se conforma con otra cosa. Es decir, que no es nada dado a caer en la trampa del gato por liebre. No se da por satisfecho con las guindas que aquí y allí les suele colocar el gobierno como políticas de compensación, entre otras cuestiones, porque ese electorado que suele corresponder a determinadas franjas de la población no las suele considerar suficiente y a veces, incluso, las puede considerar frívolas. Esta dirección del PSOE a la que hay que atribuir avances en el marco de las libertades ciudadanas otorgando, a veces, libertades no reclamadas y no sentidas como necesidad social, ha resultado ser regresiva en la corrección de las desigualdades económicas y es ahí donde radica el problema de la desafección.
Es con el PSOE en el gobierno cuando mas se han agudizado las diferencias de renta como así lo indica el Barómetro Social de España. Es triste, muy triste que el Coeficiente de Gini haya descendido durante el gobierno del Partido Popular y que durante toda la época Zapatero las desigualdades sociales en España desde el 2003 hasta ahora, tal como se refleja en ese índice, se hayan mantenido casi en los mismos valores del año 2000.
Otro dato sobre el que hemos reclamado constante atención desde este blog es el nivel de pobreza de la sociedad española que ya ofrecía mucho antes de la crisis cifras inaceptables para una sociedad moderna ¿Que explicación sobre cifras sumamente reveladoras puede ofrecer la dirección del PSOE? ¿Cuáles son los argumentos que pueden darnos lo que podríamos denominar el “complejo socialista” entendido tal como los miles de socialistas que ejercen de cargos públicos, orgánicos y los asesores de todo tipo que respaldan “sin fisuras” el mantenimiento de políticas regresivas.
Este electorado defraudado es también por otro lado poco exigente ya que, no pretende ir más allá. Es así como se visualiza el no aprovechamiento por la otra izquierda de las deserciones que se producen en las filas de los antiguos votantes socialistas.
En la última encuesta del CIS se reflejaba algunos de estos rasgos. Más del 50% de los electores se ubican en la izquierda frente al 30% que lo hace en la derecha.
En los votantes socialistas se dan los mayores índices de disconformidad entre intención de voto e ideología confesada, es en el caso de hombres y en las cohortes de edad mayores de 34 años y es precisamente, en el tramo comprendido entre los 18 y 24 años, donde hay un mayor número de votantes que se consideran “liberales”. Sorprende la poca atención que los tramos “desertores”, masculinos y mayores de 34 años, ha recibido del PSOE.
Cuando se confronta intención de voto a un partido (PSOE) con la cercanía de las propias ideas a lo que postula ese partido el gap entre ambos datos es de cinco puntos y en algunos tramos de edad (de 34 hasta 60) llega hasta los ocho puntos. Se consideran cercanos al socialismo pero no piensan votar a los socialistas.
Pero vayamos a lo sustancial ¿Porqué no se refleja en las encuestas un avance mas importante de Izquierda Unida, coalición que en buena lógica debería de ser la destinataria del descontento?
Por supuesto no puede haber una sola razón, tampoco se trata de entrar en una materia que requeriría un sistemático estudio pero podemos aventurar, entre otras, en el desconocimiento de las políticas de la coalición, sus líderes, la identificación entre Izquierda Unida y Partido Comunista, el peso de un proceso de estigmatización de todo lo comunista que ni la transición, ni la democracia ha conseguido superar, el fracaso del llamado socialismo real etc. En fin, gran parte de los problemas tienen su origen en esa confusión intencionada para unos y objetiva para otros entre Partido Comunista e Izquierda Unida. De esto y otras cuestiones trataremos en la segunda entrega el próximo lunes.
El problema de la izquierda, de los ciudadanos que votan izquierda y que están defraudados con el Presidente del Gobierno y con la política del PSOE, es el de no encontrar salida al dilema, de seguir las cosas así, con el que se enfrentaran a la hora de votar.¿Qué votar? ¿En qué sentido lo van a hacer los antiguos votantes socialistas que se manifiestan, encuesta tras encuesta, desencantados con la actual política del gobierno?
Los datos que hasta ahora nos ofrece el CIS y otros gabinetes demoscópicos son inequívocos. El staff socialista mantiene la esperanza de recortar esas diferencias mientras, paradójicamente, sigue profundizando en las políticas que han servido para crear ese divorcio con parte de su electorado. El Partido Popular no avanza pero mantiene intactas sus expectativas. Quien retrocede es el Partido Socialista.
Ese voto, como ha ocurrido en alguna otra ocasión, se queda en casa. Es un voto socialista y al mismo tiempo, esa es la cuestión que hay que atender, porque se tiende a pensar lo contrario, es un voto socialista moderado. Quiere políticas basadas en el socialismo democrático y cuando no las encuentra castiga con su abstención no solo al PSOE si no que también, de modo indirecto, lo hace con la izquierda en su conjunto.
Es exigente y poco exigente a la vez. Es exigente con los suyos, a los que reclama actuaciones en el marco de la economía y no se conforma con otra cosa. Es decir, que no es nada dado a caer en la trampa del gato por liebre. No se da por satisfecho con las guindas que aquí y allí les suele colocar el gobierno como políticas de compensación, entre otras cuestiones, porque ese electorado que suele corresponder a determinadas franjas de la población no las suele considerar suficiente y a veces, incluso, las puede considerar frívolas. Esta dirección del PSOE a la que hay que atribuir avances en el marco de las libertades ciudadanas otorgando, a veces, libertades no reclamadas y no sentidas como necesidad social, ha resultado ser regresiva en la corrección de las desigualdades económicas y es ahí donde radica el problema de la desafección.
Es con el PSOE en el gobierno cuando mas se han agudizado las diferencias de renta como así lo indica el Barómetro Social de España. Es triste, muy triste que el Coeficiente de Gini haya descendido durante el gobierno del Partido Popular y que durante toda la época Zapatero las desigualdades sociales en España desde el 2003 hasta ahora, tal como se refleja en ese índice, se hayan mantenido casi en los mismos valores del año 2000.
Otro dato sobre el que hemos reclamado constante atención desde este blog es el nivel de pobreza de la sociedad española que ya ofrecía mucho antes de la crisis cifras inaceptables para una sociedad moderna ¿Que explicación sobre cifras sumamente reveladoras puede ofrecer la dirección del PSOE? ¿Cuáles son los argumentos que pueden darnos lo que podríamos denominar el “complejo socialista” entendido tal como los miles de socialistas que ejercen de cargos públicos, orgánicos y los asesores de todo tipo que respaldan “sin fisuras” el mantenimiento de políticas regresivas.
Este electorado defraudado es también por otro lado poco exigente ya que, no pretende ir más allá. Es así como se visualiza el no aprovechamiento por la otra izquierda de las deserciones que se producen en las filas de los antiguos votantes socialistas.
En la última encuesta del CIS se reflejaba algunos de estos rasgos. Más del 50% de los electores se ubican en la izquierda frente al 30% que lo hace en la derecha.
En los votantes socialistas se dan los mayores índices de disconformidad entre intención de voto e ideología confesada, es en el caso de hombres y en las cohortes de edad mayores de 34 años y es precisamente, en el tramo comprendido entre los 18 y 24 años, donde hay un mayor número de votantes que se consideran “liberales”. Sorprende la poca atención que los tramos “desertores”, masculinos y mayores de 34 años, ha recibido del PSOE.
Cuando se confronta intención de voto a un partido (PSOE) con la cercanía de las propias ideas a lo que postula ese partido el gap entre ambos datos es de cinco puntos y en algunos tramos de edad (de 34 hasta 60) llega hasta los ocho puntos. Se consideran cercanos al socialismo pero no piensan votar a los socialistas.
Pero vayamos a lo sustancial ¿Porqué no se refleja en las encuestas un avance mas importante de Izquierda Unida, coalición que en buena lógica debería de ser la destinataria del descontento?
Por supuesto no puede haber una sola razón, tampoco se trata de entrar en una materia que requeriría un sistemático estudio pero podemos aventurar, entre otras, en el desconocimiento de las políticas de la coalición, sus líderes, la identificación entre Izquierda Unida y Partido Comunista, el peso de un proceso de estigmatización de todo lo comunista que ni la transición, ni la democracia ha conseguido superar, el fracaso del llamado socialismo real etc. En fin, gran parte de los problemas tienen su origen en esa confusión intencionada para unos y objetiva para otros entre Partido Comunista e Izquierda Unida. De esto y otras cuestiones trataremos en la segunda entrega el próximo lunes.
¿Quiénes pagamos impuestos?
Conviene leer estas dos informaciones publicada en Público:
Primera información:
Las empresas apenas pagan impuestos por sus beneficios
Un estudio interno de la Agencia Tributaria revela que la tributación fiscal efectiva es el 10%, un tercio del tipo nominal del Impuesto sobre Sociedades, y que se ha reducido a la mitad en los tres últimos años
(La información completa pinchando aquí)
Segunda información:
Los salarios sufren el doble de carga fiscal que el capital
Primera información:

Las empresas apenas pagan impuestos por sus beneficios
Un estudio interno de la Agencia Tributaria revela que la tributación fiscal efectiva es el 10%, un tercio del tipo nominal del Impuesto sobre Sociedades, y que se ha reducido a la mitad en los tres últimos años
(La información completa pinchando aquí)
Segunda información:
Los salarios sufren el doble de carga fiscal que el capital
Se mantiene el desequilibrio entre lo que pagan las rentas de trabajo y el ahorro
(Toda la información aquí)
Para tener un marco completa de estas dos informaciones repásense los años que desde la transición democrática han gobernado en España. Más o menos así: desde 1977 a 1982, cinco años, el centro derecha; desde 1982 a 1996, catorce años, gobiernos socialistas; desde 1996 a 2004, ocho años, gobiernos de derechas; y desde 2004 a hoy, 2010, seis años, otra vez gobiernos socialistas. En resumen, veinte contra trece años de gobiernos frente a gobiernos de derechas.
Como tantas veces un amigo pone en su blog: las consecuencias las sacan ustedes.
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