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sábado, 28 de enero de 2012

Elecciones primaria en Argentina


Elecciones primarias por ley y para todos

EMILIO A. DÍAZ BERENGUER | diario de cádiz. 28.01.2012 

EN diciembre de 2009 se aprobó en Argentina una nueva ley para la democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral, que, como su propio nombre indica, pretendía mejorar el sistema democrático en ese gran país, buscando romper los encorsetamientos obsoletos provocados por la estrecha relación entre lo orgánico y lo institucional en los partidos políticos de muchos estados, incluido el español. 

Dos años después, como antesala de las elecciones argentinas celebradas en octubre del pasado año, tanto de miembros del Congreso y el Senado como de gobernadores y presidenciales, se celebraron en Argentina las primeras primarias, conocidas como PASO, acrónimo de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Con ellas se selecciona al aspirante de cada opción política, siempre que el mismo haya superado el 1,5% de la participación. 

Las primarias son abiertas, se presentan quienes lo deseen y cumplan los requisitos legales exigidos para ello y cualquier ciudadano puede votar, las celebran todos los partidos políticos a la vez, para evitar un posible asalto de otros partidos políticos, o sea, que cada votante sólo puede hacerlo por una opción concreta, y son obligatorias, como condición sine qua non para acudir a las elecciones. 

Así, sin más, suena bastante bien. Argentina nos podría estar dando una lección de democracia, de la que algunos países no andamos muy sobrados últimamente. 

Las primeras impresiones sobre el resultado de las PASO fueron tan positivas que ni siquiera el diario Clarín pudo poner pegas a los favorables resultados que obtuvo Cristina Fernández de Kichner, más de la mitad de los votos emitidos. Si bien en Argentina votar es obligatorio, estas primarias fueron una gran fiesta a la que acudió más del 75% del censo electoral. 

En España, al igual que en gran parte del resto de Europa, tenemos una configuración de partidos políticos obsoleta, engendrada en el siglo XIX, que hoy no da respuesta a las necesidades de los ciudadanos. Los dos grandes partidos constituyen un oligopolio, levantando murallas a la incorporación de nuevas opciones y modificando las leyes electorales en función de sus propios intereses y no en beneficio de los ciudadanos, tal como ocurrió con la última reforma de la normativa electoral, gracias a uno de los escasos acuerdos alcanzados por PP y PSOE en la anterior legislatura. 

Unas primarias abiertas serían un buen antídoto contra el patrimonialismo ejercido por algunos políticos inmovilistas y que con frecuencia confunden lo orgánico y lo institucional, profesionalizados e impermeables a la sociedad civil, con sueldos procedentes del erario público escandalosamente compatibles. En medio de la actual crisis, el mito de los bajos sueldos de los políticos es hoy menos cierto que nunca. 

Los politicos están desprestigiados y carecen de credibilidad, según las encuestas del CIS. El mal no está en la política democrática, sino en la propia clase política y, muy especialmente, en los barones orgánicos que se atrincheran como los amos del cotarro. La política democrática es un bien necesario para la convivencia y el desarrollo colectivo, y su ejecución debe evolucionar y adaptarse a la realidad. Los avances de una nueva sociedad tecnologizada obliga a las organizaciones políticas a estar a la altura de las circunstancias. 

Los ciudadanos son ahora más cultos y la mayoría está integrada por una clase media, cada vez menos dispuesta a entregar un cheque en blanco cada cuatro años, que aspira a formar parte de un sistema democrático equitativamente representativo y mucho más participativo, y con controles permanentes que eviten la corrupción y el lucro cesante que originan unos políticos mediocres, cuando no incompetentes. 

Unas primarias abiertas, y mucho más si son obligatorias y simultáneas, podrían coadyuvar a los partidos políticos, especialmente hoy a la izquierda, a superar su crisis de militancia, y a dificultar el control absoluto por los barones orgánicos. Los militantes compartirían con los simpatizantes la decisión a la hora de elegir a sus representantes institucionales, lo cual redundaría en un gran avance democrático, dado que en España son los ciudadanos los que soportan económicamente a los partidos políticos.

lunes, 16 de enero de 2012

Los ciudadanos quieren primarias


Carme Chacón adelanta a Rubalcaba en la preferencia de los españoles, según laSexta
El 73% de los ciudadanos ve positivas las primarias socialistas
La inmenda mayoría de los ciudadanos (73%) considera positivo que el Partido Socialista elija a líder en unas primarias a la francesa con votos de militantes y simpatizantes (82% de los votantes del PSOE y 64,2% de los del PP), según un sondeo de laSexta que refleja que el 42,9%, prefiere a Carmen Chacón frente al 36,9% que elige a Alfredo Pérez Rubalcaba.
El 52,5% afirma que participaría en una elección de estas características como simpatizante del PSOE (80,2% son votantes del PSOE y 29,6%, del PP). El 40,9% dice que no lo haría (18% votantes socialistas y 62,3%, populares).
El Congreso, cuanto antes
También una mayoría es partidaria de que el PSOE celebre cuanto antes su Congreso para elegir secretario general (75,4% electores socialistas y 71,7%, del PP). El 18,3% opina que debe retrasarlo.
La mayoría apoya unas primarias abiertas
Minijobs
El sondeo de laSexta ha preguntado también por la creación de los llamados minijobs (empleos de bajo salario con horas limitadas de trabajo) para paliar el desempleo. Al 61,4% le parece negativa la iniciativa (72,5% de los votantes del PSOE y 51,6% de los del PP), frente al 33% que le parece positiva.
La mayoría rechaza el contrato único
A una notable mayoría (70%) le parece negativo un contrato único con indemnización de 20 días (76,6% de los votantes socialistas y 56,6% de los populares), mientras al 24,5% le parece positivo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Primarias: libertad, democracia y también liderazgo

Sin lugar a dudas los últimos acontecimientos políticos que han tenido lugar en Madrid en torno a la celebración de las elecciones primarias entre el secretario General de la federación socialista madrileña, Tomas Gómez, y la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, representan a todas luces uno de los mejores acontecimientos que han podido tener lugar en pos de la democracia interna en el seno de los partidos políticos.
La posibilidad de dar la voz y el poder de decisión a las bases de los partidos políticos es un modelo de coherencia, valentía y estética de la ética de la que Tomas Gómez y el propio PSOE han hecho gala, todo ello en un tiempo en donde la incoherencia entre el discurso y la acción aparece por desgracia por muchas esquinas de los despachos de la política de nuestro país. Pero no sólo el efecto de las primarias ha producido un efecto interno en las estructuras de partidos, sacando los colores y poniendo en jaque el modo democrático de asumir responsabilidades de quienes, una vez apoltronados en sus sillones y chaquetas con corbata, olvidan que la democracia plena se debe practicar desde que uno pretende “escalar” hasta cuando uno ya está en la “cima “de la montaña.
Además, se ha lanzado a la ciudadanía de a pie un mensaje claro y directo de que “otra política es posible” , hecho éste que cobra un valor excepcional en una sociedad en la que crecen las cifras de absentismo político y en la que la clase política, según indican periódicamente los barómetros del CIS, se han convertido en el tercer problema por orden de importancia que más preocupa a los ciudadanos.
Así, ha quedado blanco y en botella que el fenómeno de las primarias es a todas luces la mejor herramienta para que cada cuatro años las bases de los partidos políticos tengan la opción de opinar libremente y en igualdad, y evitar de esta forma que las oligarquías societarias que en muchas ocasiones asumen la democracia delegada impongan bajo sus criterios personales a las personas más “capacitadas” al frente de las listas electorales.
La política actual debe estar marcada por los pilares fundamentales de la libertad, la democracia y el liderazgo de la ética. Ésa que nace desde la coherencia entre el pensamiento y la acción, entre el espíritu progresista de quienes con la verdad en la palabra y sin ambages de ningún tipo quieren cambiar el mundo en cada uno de sus cinco metros cuadrados que le rodean. Es el tiempo para ello y Tomás Gómez el primero de los secretarios generales socialistas de nuestro país en sumarse a esta propuesta.
De esta forma, España se suma a un debate que ya se está dando en el ámbito de la socialdemocracia Europa, y que viene marcado principalmente por dos tendencias en los partidos políticos que conforman dicha ideología socialdemócrata. De un lado, aquellos que defienden y entienden que las estructuras políticas de los partidos de la llamada izquierda deben de flexibilizar sus estructuras a las nueva realidades sociales, económicas y culturales, abriendo de manera decidida las mismas a la ciudadanía de pie. Y, por el otro, quienes defienden la necesidad de mantener una estructura ordenada y piramidal de sufragio indirecto en donde la dirección política y la decisión sea marcada por la cúspide.
Tal vez la síntesis de ambas posturas pasen por la necesidad de unificar el modelo de dirección político indirecto con el derecho recogido de los militantes de los partidos políticos de decidir en igualdad, libertad y en voto secreto cada cuatro años quienes deben ser los llamados a representar la voluntad de la militancia de base, que no es otra cosa que lo más parecido a esa soberanía popular desde donde emana la democracia, aquella donde se sustentan los pilares de las sociedades justas, equitativas, igualitarias y libres.
Tomás Gómez ha dado ese paso de dar voz a quienes democráticamente deben de participar en la elección del candidato, permitiendo que se celebre un debate interno ,bueno y saludable en una organización política: el de los militantes de base.

Os envío el articulo del compañero Josu Gómez Barratia que refleja el sentir de cientos de miles de socialistas que seguimos reafirmándonos en el valor de las primarias como forma suprema de elección de nuestros candidatos, creemos en las primarias como única vía posible para fermentar la democracia interna y la participación de las bases de nuestro partido socialista, porque hoy nos reafirmamos que se puede ser socialista pero no tontos y aquellos que escalaron la cúspide del partido y que quieren seguir allí están cometiendo un fraude si no se someten a las urnas y al voto de sus compañeros de partido.

La democracia es la expresión directa de la ciudadanía, desaparecida esta en el interior de los partidos, sus candidatos pierden toda legitimidad y no representan al proyecto que afirman representar , trabajar por la democracia interna representa el objetivo de los socialista en este momento y a ese objetivo nos debemos.

martes, 5 de octubre de 2010

EL CORREDOR DE FONDO, por Ramón Cotarelo

¡Qué gran acierto el de los sociatas madrileños con sus primarias! Es incomprensible que siga habiendo gente en contra, especialmente en el PSOE. Si lo que quiero es ganar unas elecciones, que son como las carreras, será avisado proponer al que ya ha ganado algunas... y darle un espaldarazo haciéndole ganar otras. De forma que Esperanza Aguirre, triunfadora incuestionada, se enfrenta ahora a un ganador también incuestionado, un corredor de fondo que ha ganado siempre que se ha presentado. Precisamente por eso lo propuso como Secretario General del PSM el mismo que luego, en una especie de iluminación repentina, como la de Saulo camino de Damasco, quiso que se retirara. Será pues un duelo de triunfadores.

La alternativa, la victoria de Trinidad Jiménez, hubiera puesto frente a Aguirre a una triunfadora asimismo, pero que sólo había ganado esa elección y sin poder quitarse de encima el juicio de que lo hizo por ser la protegida del mando. Y aunque en un principio también en el PP pensaron que Jiménez era un peligro, parece que, al final, el entorno de Aguirre intuyó que el peligro real no era la paracaidista sino el corredor de fondo que, además, se conoce la Comunidad Autónoma porque se la ha trabajado.

Unas primarias limpias, bastante correctas, hasta elegantes en ocasiones y que han terminado con un espectáculo de unidad, todos juntos tras el ganador, al estilo Partido Demócrata de los Estados Unidos. Hasta parecía un poco almibarado para la rancia pelambre hispánica. Pero ese espectáculo ha hecho más por el PSM-PSOE que todos los afanes de Gómez durante estos tres años de paciente y discreta labor tratando de recomponer un partido que semejaba un campo de batalla. La abstención ha sido la habitual en las elecciones generales pero unos diez puntos inferior a la media de las elecciones autonómicas. Prueba de que había interés y de que el PSM ha encontrado un líder. Para eso sirven las primarias.

Aprovecho para sostener mi propuesta de que las primarias, además, sean abiertas, esto es, que pueda votar en ellas el electorado en general. Precisamente el juicio antagónico que había en el PP acerca de cuál de los dos era el candidato más peligroso demuestra la inconsistencia del argumento contra las primarias abiertas que avisa del peligro de que voten también los electores de otro partido y lo hagan a favor del peor candidato... para el PSOE. Es obvio, los electores del PP tienen tanta idea acerca de cuál sea el peor candidato del PSOE como los electores de éste acerca de cuál sea el mejor. Con las primarias abiertas seguramente el resultado hubiera sido más contundente a favor de Gómez. Por una sencilla razón, porque el Gobierno tiene sometida a su control una proporción de madrileños muy inferior a la de socialistas.

Porque aquí hay un elemento esencial de estas primarias que, negado una y otra vez, ha sido evidente en todo el proceso: Trinidad Jiménez era la candidata de La Moncloa y, en consecuencia, de la dirección federal y el aparato del partido. Se le añadieron públicamente personalidades relevantes, ministros, trajo en tándem a otro miembro del Gobierno para la alcaldía, como si fuera un ticket yanqui. Era también la candidata de la prensa progresista. El País la apoyó con alguna encuesta que, en cierto modo, venía a corroborar el mítico sondeo que esgrimía La Moncloa para pedir la retirada de Gómez. No es de extrañar, Jiménez da el tipo de El País, de dama bien aisée que gusta mucho en Prisa. Gómez, no; tiene el origen proletario demasiado cerca. Público andaba con el alma dividida: oficialmente estaba por Jiménez, pero la redacción respiraba más por Gómez, que parece más de izquierda.

Y luego está, la contumaz injerencia de La Moncloa en las elecciones madrileñas. Porque una cosa es que la dirección nacional del partido proponga los candidatos y otra que los imponga. Me extraña que ningún socialista, henchido de patriotismo de partido, haya comparado estas primarias con un nuevo dos de mayo. Los madrileños se sublevan contra el invasor. Esa figura de rebeldía ha favorecido mucho a Gómez y reviste al PSM de una legitimidad impensada. Los electores madrileños (y no sólo los militantes socialistas) gustan de tener un presidente/a que se las tenga tiesas al jefe de su partido porque Madrid es rompeolas de las Españas. De ahí viene parte de la simpatía que despierta Aguirre. De ahí viene también, y con más razón porque su rebeldía es más clara, la que despierta Gómez.

Las interpretaciones del resultado ya están siendo muy simpáticas. El titular de El País, un monumento al disimulo: Gómez gana a Zapatero en Madrid. A Zapatero y al grupo Prisa, aunque ahora quiera olvidarlo. Más incluso al grupo Prisa porque Zapatero, al admitir las primarias, se limitó a señalar que Jiménez era su candidata y se hizo a un lado. El grupo Prisa, en cambio, se empleó a fondo a su favor.

En realidad ese argumento de que, ganando Gómez, pierde Zapatero, que se oye mucho, no parece muy sólido. ¿Por qué va a perder Zapatero? Sólo en un sentido técnico. Desde el momento en que aceptó las primarias, el Presidente tenía que descontar la posibilidad de que su candidata las perdiera. Las elecciones son como las batallas: se sabe cómo se entra en ellas, pero no cómo se sale. Pero perder una batalla no es perder la guerra sobre todo si, además, se pierde por candidata interpuesta.

Más perdería, en el fondo, si su partido en Madrid dejara caer a su Secretario General para seguir mansamente la voluntad del jefe máximo, porque mostraría que eso no es un partido sino un rebaño. ¿O quiere decirse que pierde Zapatero porque en Gómez se perfila ya un rival a la presidencia del Gobierno? Para eso tiene éste que ganar las próximas autonómicas pero precisamente por esa posibilidad, Gómez subirá en intención de voto de los madrileños a quienes gustará ver a uno de los suyos en tan alta magistratura; además, su presidente. Pero, aunque esto fuera así, Zapatero no tiene nada que perder ya que, si decide presentarse de nuevo al cargo, que aún no se sabe, Gómez no se lo discutirá. Él mismo se ha encargado de decir que es "zapaterista", como demuestra oponiéndose a una decisión de Zapatero. En el fondo es un gesto para probar que una cosa es la lealtad (al fin y al cabo, fue Zapatero quien lo propuso en primer lugar) y otra el servilismo.

Las primarias socialistas han dado la señal de partida en la carrera a la Comunidad de Madrid y Gómez que, como buen corredor de fondo, venía trotando desde el principio hace tres años, llega ahora en buena condición para lanzar el sprint final. Es mucho más conocido que antes y no hay excusa para que no se pida su parecer cada vez que la Presidenta tome alguna decisión, con lo que estará en los medios no tanto tiempo pero sí tantas veces como ella. Porque ya es oficiosamente el candidato del PSOE a la Comunidad, aunque aún no lo haya proclamado así el órgano correspondiente.

Pues nada: enhorabuena a Tomás Gómez y a los gomecistas que ahora, supongo, serán todos, incluido Pedro Castro.

Copiado de su blog Palinuro

La democracia interna y sus enemigos

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Es verdad que algunos lo dijeron con antelación: si Trinidad Jiménez pierde las primarias, eso tendrá consecuencias para Zapatero. Unos lo dijeron como una amenaza, otros como un consejo. Las consecuencias fueron expuestas con claridad: si ganaba Tomás Gómez, Zapatero quedaba desautorizado. ¿Cuál era la orden de Zapatero? ¿Que se hicieran primarias o que se votara a Trinidad Jiménez? A mi parecer, la orden es que se hicieran primarias en Madrid, y resulta evidente que la organización cumplió la orden del secretario general. Que se votara a Jiménez era la expresión de una opinión, de una preferencia, pero no fue una orden. Al menos así lo entendimos la casi totalidad de los socialistas.
Hay quienes dicen que una vez que un líder expresa su opinión, tener otra distinta es desautorizarlo. Así que, según ese planteamiento, una vez que Zapatero expresó su preferencia, las primarias quedarían convertidas en un fingimiento, un puro teatro para dar legitimidad democrática a las preferencias del jefe. Si cada vez que el líder del partido hablara, si cada vez que expresara una posición, sus compañeros lo entendiéramos como una orden, nos encontraríamos en una situación parecida a la del rey que convertía en oro todo lo que tocaba. ¿Cómo serían los procesos de deliberación en la dirección del partido? ¿Cómo se formaría su propia opinión de líder de la organización? Si la democracia es un régimen de opinión, y las opiniones del líder quedan convertidas en órdenes nada más salir de su boca, nos encontraríamos ante un verdadero absurdo. Un absurdo que no forma parte ni del pensamiento ni de la práctica del presidente Zapatero.
Es posible que alguien aduzca que lo que debe hacer el líder es omitir su opinión y que la exprese al final de la deliberación, lo cual excluye la opinión del líder sobre este proceso. Hemos visto en el proceso de primarias que acaba de terminar cómo daban su opinión desde los militantes que tenían que tomar su decisión hasta los columnistas y tertulianos situados en las antípodas políticas del PSOE; no entiendo por qué razón el líder del partido no iba a poder dar su opinión a los compañeros. ¿Por qué debería escuchar las de todos y no dar la suya, salvo por la peregrina idea de que el líder sólo puede dar órdenes y no opiniones?
Se preguntaba Lenin cuánta democracia es capaz de tolerar una organización. Claro que Lenin no era un demócrata, al menos eso es lo que pensamos los socialistas del PSOE desde 1920. Sin embargo, Lenin ha encontrado sorprendentemente seguidores, en especial entre la derecha, aunque no sólo. Es una idea extendida que democracia y eficacia están reñidas. Para los teóricos del pluralismo lo que hace democrática a una sociedad es la competición política entre distintas organizaciones. Lo que ocurra en el interior de esas organizaciones no parece preocuparles.
Si la voluntad cotidiana de la nación se forma a partir de la deliberación y votación de todos sus parlamentarios, ¿cómo se forma la voluntad de los grupos parlamentarios? En el caso que mejor conozco, que obviamente es el del grupo socialista, la voluntad del grupo se forma en una serie de deliberaciones internas regladas y no regladas que culminan en la reunión plenaria del Grupo Parlamentario. En mi experiencia de diputado a lo largo de las dos últimas legislaturas he participado en reuniones en las que había un consenso inicial y en otras en las que alcanzamos el acuerdo al final de la deliberación. Porque lo cierto es que en los partidos, como en los países, ni todos estamos de acuerdo, ni siempre estamos de acuerdo. La diferencia estriba en cómo resolvemos nuestros desacuerdos.
La vida entera está llena de discrepancias, debatimos incluso con nosotros mismos. También en el seno de los partidos tenemos posiciones diversas y, en ocasiones, encontradas. Sin embargo, está bastante extendida la idea de que la expresión de los desacuerdos debilita a las organizaciones políticas. No obstante la experiencia en sentido contrario es larga. Pericles se enorgullecía de las victorias de la Atenas democrática frente a otros pueblos, aunque el precio de las libertades propias de la democracia sea que “ocasionalmente los ojos del enemigo han de sacar provecho de esta falta de trabas”.
Los demócratas griegos de la antigüedad sabían que no merecía la pena sacrificar la ventaja estratégica de la democracia a las ganancias tácticas que pudieran obtener con el sacrificio de sus libertades. Como en la Grecia clásica, en los partidos políticos actuales siempre hay quienes están dispuestos a sacrificar la democracia interna para no dar una ventaja táctica al adversario, también es verdad que siempre encuentran entusiastas partidarios entre los mismos que verán sacrificadas sus libertades. Y, cuando consiguen que sus partidarios sean mayoría, llevan a sus organizaciones a la decadencia. Quizá porque entonces ocurre lo que decía el poeta Juvenal: “Y para ganarte la vida, perdiste el sentido de vivir”. Porque nada anima más a la defensa de nuestros valores que poder vivir de acuerdo con ellos.
Que un dirigente de la derecha diga que los militantes socialistas, en el ejercicio de su libertad, ponen en riesgo el liderazgo del presidente del Gobierno, es coherente con la concepción de la democracia del Partido Popular y de una parte importante de la derecha española. También es coherente con la forma en que fueron elegidos Mariano Rajoy y José María Aznar, pero no es coherente ni con la concepción de la democracia de los socialistas, ni con la forma en que fue elegido José Luis Rodríguez Zapatero, ni con lo que representa su liderazgo. No se puede medir el liderazgo de Zapatero con la vara de medir de los liderazgos de la derecha española. El liderazgo de Zapatero es fuerte no sólo porque puede soportar la democracia interna, sino porque la garantiza.

José Andrés Torres Mora es diputado y miembro de la ejecutiva federal del PSOE

Ilustración de Patrick Thomas

lunes, 4 de octubre de 2010

Lo que las primarias ponen al descubierto

Primarias y esquizofrenia en el PSOE


Cuando en el Congreso y en el Senado el presidente del gobierno habla se ve, en los escaños que están justamente detrás del líder, a los portavoces y a los secretarios o secretarias del grupo.

En cualquier gesto o afirmación del presidente se observa como estos altos cargos del grupo socialista asienten y afirman. Ocurre lo mismo entre los suyos entre los suyos cuando el que habla es Rajoy. ¿Quiénes son? Carmela Silva y Ruth Porta, portavoz del grupo y secretaria general en el Senado. En el Congreso vemos al siempre hierático Jose Antonio Alonso, a Madina, secretario del grupo y la vicesecretaria Carmen Sánchez.

A las afirmaciones entre sí contradictorias, las de antes y las de ahora, del presidente, el coro reafirma, mira cínica o despreciativamente al contrario y a veces, también, jalea, aplaude o según las circunstancias patea.

Algunos de los comentaristas orgánicos venden ahora como un gesto democrático el que la Comisión Ejecutiva Federal con Zapatero a la cabeza no impusiese a Trinidad Gómez y no suspendiera de facto las primarias en Madrid. Quien dice esto, no sabe bien de lo que está hablando. Solo había una salida para dirimir esta cuestión; Primarias. De prohibirse en Madrid, creo que al presidente le hubiera gustado eso, se habría armado la marimorena.

El PSOE de Madrid no es el PSOE de Andalucía, Extremadura o Castilla y León al que sin más, se le pueda imponer los candidatos suprimiendo, por decreto, la voluntad de las bases. Eso ya no es posible allí. Es mas que probable que la única esperanza que le quede al socialista que cree en la democracia y en la izquierda genuina, la de siempre, sea Madrid. No se trata de que Tomás sea más de izquierda ¿qué izquierda? que Trini. No se trata de eso. Simplemente es que en Madrid, se ha obrado el milagro de la democracia directa, no el subterfugio o sucedáneo de democracia que hay en los estatutos según el cual, al afiliado en unas elecciones solo le queda ratificar lo que en la mesa camilla se decide, y si llegado el caso decidiera en sentido contrario siempre estarán las comisiones de listas, los comités y las ejecutivas que tiraran a la papelera el criterio de las bases.

Cuando el afiliado tiene la ocasión de ejercer secretamente el voto, cuando no tiene que significarse delante de los que manda, es cuando puede medirse exactamente la esquizofrenia que en el PSOE se vive.

De un lado, un Zapatero, un núcleo dirigente del PSOE que vigila e impone las políticas a los cuadros medios en los territorios. Una militancia de aluvión, acrítica, que vive la política en clave de fenómeno fan, exactamente igual que ese coro de chicos y chicas festejan y jalean al actor o al cantante de moda. En el otro lado, los que asisten con estupor hacia donde les ha conducido las políticas frívolas y los cambios de marcha en economía. Los que asisten, cansados, como en fechas previas a las elecciones a las agrupaciones acuden de la mano de un líder, personas desconocidas al que ya se le encarga el encabezar una lista elegida en gran parte por ese mirlo blanco recien llegado.

Tomás Gómez ha tenido la habilidad de reclamar el voto de estos afiliados. Se ha postulado como candidato del partido de siempre, del que trabaja a nivel de calle, el partido en el que el dirigente conoce por nombre y apellido al afiliado. Ha aprovechado el descontento del viejo militante, el que no precisa postularse para un cargo para seguir siendo socialista. El que expresa su disconformidad con el Nuevo Partido que Zapatero ha venido construyendo durante estos diez últimos años.

Es la esquizofrenia servida por una realidad tan antigua como la vida misma: La que se expresa en cualquier cuadro de los tiempos pasados o en cualquiera de los paisajes de España; Están los que viven en el castillo del alto, entre los gruesos muros y los que viven extramuros, en el llano, sujeto a diario a los embates que los adversarios propinan en el centro de trabajo, en la barra del bar, en el grupo de amigos.

Cansados de defender lo indefendible aprovechan una manifestación contra la reforma laboral, una huelga contra la misma ley o unas primarias para dar rienda suelta a lo que realmente piensan.

En ese castillo, con esas almenas y defensas - que bien lo refleja Peridis cuando en sus viñetas expresa el final de un mandato, con un líder siempre encastillado - con esas torres en las que veo las caras de Ruth, Carmen Silva, Madina o Cármen Sánchez acompañadas de otros muchos que no miran hacia fuera, hacia el llano, hacia los que cada día tienen que lidiar con una realidad que no sienten y que no la ven y no la sienten, porque solo tienen ojos para la torre central, la que siempre mira al cielo y a las torres de los castillos vecinos, Es la torre que tiene la efigie de Zapatero.

El final de los gobiernos socialistas siempre ha sido el mismo; El ensimismamiento del líder ayudado por el seguidismo ciego de su guardia pretoriana. Eso solo anuncia el final, el futuro queda servido.

Votos vs. aparato

Gana la democracia, pierde el aparato

04 Oct 2010

No hay dedo ni encuesta ni plataforma mediática capaz de contrarrestar la fuerza de los votos. El resultado de las primarias celebradas ayer es en primer lugar una lección democrática. La mayoría de los militantes socialistas de Madrid ha decidido que el nombre de su candidato no coincida con el que apoyaba el núcleo del aparato federal del partido. Será Tomás Gómez quien se enfrente a Esperanza Aguirre, y no Trinidad Jiménez, la candidata preferida por el propio Zapatero tras asumir la propuesta de José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba. Ambos argumentaron que las encuestas colocaban a la ministra de Sanidad en mejor posición para arrebatar al PP el Gobierno de la Comunidad.

La negativa de Gómez a ceder el paso y la renuncia de Zapatero a imponer el dedazo desembocaron en unas primarias con una altísima participación. Pensar que la victoria de Gómez se deba a su influencia interna como secretario general del PSM sería negar el peso de múltiples factores que inclinan la libre decisión de un militante. Es evidente que su acto de rebeldía contra quienes controlan el aparato federal le ha granjeado una notoriedad que no tenía y unas simpatías con las que no contaba. Pero además Gómez ha hilvanado un relato, un discurso político propio frente al supuesto valor supremo de las encuestas o la eficacia de los padrinazgos. Ha seguido el camino que el propio Zapatero marcó en 2000, cuando rompió los soberbios augurios del oficialismo de entonces.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Las primarias, una oportunidad

Gran parte de los análisis políticos que leemos en las últimas semanas ven en las primarias un problema. Influenciados por los estudios académicos o por experiencias pasadas, se ha acabado extendiendo la idea de que las primarias tienen más costes que beneficios. Se hace excesivo énfasis en el "ruido" que se genera y, en cambio, no se presta atención a sus potencialidades. Pero, como en otros muchos temas de estudio, esta conclusión es cuestionable.

En primer lugar, elegir a los candidatos a través del voto directo y secreto de la militancia da un mayor protagonismo a los afiliados. Si los militantes se sienten partícipes de un proceso tan importante, su motivación aumentará y su implicación en la campaña electoral será mucho mayor.

En la sucesión de Aznar se optó por el método menos democrático posible




Estudios de sociología política han demostrado que los afiliados a los partidos pueden marcar la diferencia a la hora de aumentar los apoyos electorales: en aquellos lugares donde son más numerosos y más activos, los partidos políticos obtienen mejores resultados.

Además, no solo los que ya forman parte de la organización se sentirán más motivados. Simpatizantes y votantes próximos al partido pueden tener ahora más incentivos para afiliarse. Si sienten que van a tener protagonismo, la militancia es mucho más atractiva y, de nuevo, a mayor militancia, mayores expectativas electorales.

En segundo lugar, dado que este proceso de selección de candidatos todavía no es muy habitual en España, goza de una gran proyección mediática. Cada vez que el Partido Socialista ha hecho uso de las primarias, los medios de comunicación han destinado numerosos espacios a informar de él. Si los candidatos saben utilizar esta oportunidad, el Partido Popular debería sentirse incómodo.

En el caso de las primarias en Madrid, este protagonismo en la agenda era muy necesario. Realizar la tarea de oposición en la Comunidad de Madrid no es sencillo. Por un lado, los medios de comunicación públicos son de un enorme partidismo. De hecho, los ciudadanos madrileños declaran en las encuestas del CIS sobre calidad de la democracia que sus medios de comunicación públicos son los más sesgados de toda España.

Por otro, en Madrid la política nacional lo empapa todo y las cuestiones regionales ocupan una posición secundaria en la agenda. Gracias al proceso de primarias, el Partido Socialista va a tener el protagonismo que no ha disfrutado en los últimos años y va a poder poner de manifiesto la mala gestión de Esperanza Aguirre.

En tercer lugar, la vida interna de los partidos traslada información muy valiosa a los votantes. Por ello, las primarias indican algo más que una forma de seleccionar candidatos. En política, los conflictos se pueden resolver de muchas formas. En el Partido Popular, cuando estaba en juego la sucesión de José María Aznar, se optó por el método menos democrático posible. En cambio, en el Partido Socialista, cuando surge un dilema, se opta por la democracia, ya sea en forma de congresos abiertos y competitivos o de primarias. Son dos formas radicalmente distintas de entender la política.

Estas diferencias no son una anécdota. Estas distintas visiones sobre como resolver los problemas son un reflejo de la acción política diaria. Si echamos la mirada a los últimos años, veremos que desde que el Partido Popular pasó a la oposición, ha tratado de ganar en algunas instituciones lo que perdió en las urnas. Así, por ejemplo, el boicoteo a la renovación del Tribunal Constitucional responde a esta visión de la democracia.

En definitiva, las primarias que va a celebrar el Partido Socialista en algunas comunidades autónomas pueden ser una gran oportunidad: activan a la militancia, dan mayor visibilidad al proyecto político y reflejan el talante democrático de la formación.

Esto no significa que las primarias deban generalizarse. Siempre existe la tentación de usar este tipo de procesos para fines totalmente distintos de lo que se persigue: seleccionar a los mejores.

En ocasiones, algunos grupos pueden tener la tentación de utilizarlas con propósitos totalmente equivocados: ajustar cuentas internas, tener un lugar bajo el sol en las futuras listas electorales o por el mero hecho de sentirse protagonistas por un día. Cuando estos son los objetivos, el ruido se impone a las oportunidades que ofrecen.

Por ello, si el Partido Socialista es capaz de aprovechar los beneficios de las primarias, su expectativas electorales aumentarán y podrán sentarse las bases para recuperar los Gobiernos donde está en la oposición.

Ignacio Urquizu es profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Los ciudadanos se sienten lejanos de la política institucional

El 55% de los andaluces asegura que no votará en las municipales

Una encuesta elaborada por asociaciones vecinales revela la desafección por la política

EP / SEVILLA | ACTUALIZADO 22.09.2010 -
El 55% de los andaluces afirman que no votarán en las próximas elecciones municipales, según una encuesta realizada por la Confederación de Vecinos de Andalucía (CAVA), que también arroja que casi un 60% de los encuestados sienten que la clase política les trata como clientes o sencillamente no muestran ningún tipo de interés hacia ellos.

Según se desprende de la encuesta, realizada a 1.555 personas en 25 ciudades andaluzas, el 34,1% de los encuestados afirman que votará en todas las elecciones, tanto en las andaluzas, como en las nacionales y las municipales; mientras, un 48,1% cree que no va a votar y el resto no sabe no contesta (9,8%).

La asociación apuntó que, del estudio de las respuestas se puede observar "cómo se muestra la creciente brecha que existe entre la ciudadanía y la clase política que gestionan las instituciones que influyen sobre sus vidas, sobre todo las locales, que son las percibidas como las que deben solucionar los problemas diarios y que consideran que no les consultan ni tienen en cuenta sus opiniones, limitándose a ofertar sus soluciones en plan clientelista".

El cuestionario recoge que el 60% de la población encuestada manifiesta sentirse muy desilusionada con la clase política y el 75% asevera que los dirigentes políticos no cumplen sus promesas. La CAVA interpretó que "se percibe la necesidad de construir una nueva relación entre el gobierno local y la ciudadanía. Se muestran varias razones para ello, la principal tiene que ver con la apatía y la falta de compromiso de las instituciones de gobierno ante la democracia local".

El estudio detalla que existe un alto porcentaje de personas que manifiestan conocer las promesas electorales de forma general. Sobre el grado de cumplimiento, un alto porcentaje de personas encuestadas responden que "no se han cumplido en cerca del 74,9%, frente a quienes responden que sí se han cumplido, que supone un 23,7%. Se recogen comentarios del tipo: las promesas electorales "sólo son por los votos"; los políticos "cuando gobiernan cambian" o "dicen una cosa y después hacen otra".

Más sobre las primarias

¿Primarias sin debates?

JULIÁN SANTAMARÍA 22/09/2010

El acuerdo entre Zapatero y Gómez para que los socialistas madrileños elijan su candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma ha puesto de relieve la inclinación del PSOE a resolver de forma democrática las legítimas diferencias de criterio entre distintas instancias del partido. La decisión ha sido bien acogida y, según los sondeos, predominan las opiniones favorables a las primarias y los que entienden que fortalecerán al PSOE. Sin duda, su principal inconveniente consiste en que las preferencias de sus afiliados podrían ser muy distintas de las de su electorado potencial, pero el hecho de que sea la dirección del partido quien elija al candidato no constituye ninguna garantía de acierto. Al menos, en Madrid.

Con todo, solo desde la ingenuidad o el populismo cabe sostener que las elecciones primarias son un ejercicio democrático solo porque sean las bases quienes eligen el candidato. No basta con eso, sino que han de darse, además, algunas otras condiciones. Primero, que las bases puedan elegir entre dos o más opciones conociendo bien cuales son sus diferencias. Segundo, que todos los afiliados, del primero al último, puedan expresar libremente sus preferencias y votar con igual libertad sin sujeción a presiones de ningún tipo. Y tercero, que los aparatos sean no solo neutrales, sino garantes de la neutralidad, lo que debe impedirles tomar decisiones o emprender acciones que generen sospechas, aunque solo sean sospechas de parcialidad.

Las dos últimas condiciones son tan evidentes que no requieren mayor explicación. La primera sí. Si lo que hay que decidir es quién es el mejor candidato es porque se supone que hay diferencias entre ellos y que uno es mejor que el otro. Pero ¿en qué y por qué? Si los que tienen que decidir quién es el mejor son los afiliados, en este caso los del PSM, lo lógico sería que la campaña sirviera para ayudarles a hacerlo con conocimiento de causa, al margen de cualquier prejuicio inicial, basándose en una comparación entre los candidatos después de uno o varios debates públicos y no solo ni principalmente en lo que digan las encuestas. Lo que digan pueden cambiar en el curso de la campaña, que para eso está.

Tomás Gómez ha pedido debates. Rechazarlos es reducir la dimensión democrática de la elección restando información sustantiva al cuerpo electoral. Hacerlo "porque los dos defienden el mismo programa" es un pobre argumento. Lo que importa es saber quién es el que lo conoce y lo defiende mejor, tiene mejores razones, mayor solidez y capacidad de persuasión, y, en definitiva, más tirón electoral. Los estatutos del partido no contemplan los debates, pero tampoco los prohíben y se comprende mal que un partido que los viene defendiendo a nivel nacional desde hace muchos años, aunque no los contemple norma alguna, utilice una excusa tan poco convincente y tan contradictoria.

¿Por qué se niega Trinidad Jiménez a debatir en público con Tomás Gómez? Si está tan convencida, como repite una y otravez, de que ella es la mejor, ¿por qué no dejar que los afiliados decidan si están o no de acuerdo con ella? Son los demás, no ella, quienes tienen que decirlo. Quienes apoyan su candidatura lo sostienen con tanta convicción como los partidarios de Tomás defienden que él es el mejor. Pero una parte importantísima de ese electorado tiene una idea imprecisa que puede ratificar o rectificar si tiene la oportunidad de juzgar por sí misma quién tiene mejores proyectos y mejores argumentos, quién los comunica mejor y, en resumen, cuál de los dos es el mejor, al margen de lo que digan sus patrocinadores.

Estoy seguro de que Trinidad y Tomás son dos excelentes candidatos, que tanto el uno como el otro lo tendrán muy difícil frente a ese gran animal político que es Esperanza Aguirre, pero que ambos podrían arrebatarle la mayoría absoluta.

Los sondeos que más confianza me merecen de los que conozco indican que los resultados en las autonómicas no variarían cualquiera de los dos que fuera el candidato socialista y que hoy por hoy ambos aparecen, frente a Esperanza Aguirre, con la misma fuerza electoral. Con un matiz, y es que la imagen de Tomás ha mejorado mucho a diferencia de la de Trinidad. Eso, como es lógico, puede cambiar. Por eso, entre otras razones, sería bueno que pudieran debatir en público.

No hace tanto hemos asistido con fascinación a los múltiples debates entre Hillary Clinton y Obama. Hillary Clinton era mucho más conocida y estaba mucho mejor posicionada que Obama. No se negó a debatir con él porque de haberlo hecho habría dado una muestra clara de su inseguridad, de su incapacidad para asumir y controlar el riesgo. Aunque no existieran entre ambos grandes diferencias ideológicas o programáticas, los demócratas entendieron que Obama era mejor candidato. Hillary perdió las primarias, pero lo hizo con tanta dignidad que constituye hoy uno de los principales activos de los demócratas americanos. Como alguien ha dicho, importa más perder bien que ganar mal.

Las primarias de Madrid están abriendo una oportunidad única al PSOE. Sus bases se están activando y movilizando y sería bueno que fueran a votar después de haber visto y oído a Trinidad y Tomás en un debate abierto y, a ser posible, en más de uno y no por lo que hubieran oído o leído acerca de ellos. Nadie debe optar por aquella por ser la preferida de la dirección, ni a este por partir de las bases. Estoy seguro de que afiliados y ciudadanos coincidirían en dos puntos: uno, que los debates favorecerían y no perjudicarían al partido; dos, que están a favor de que se produzcan. Las encuestas seguirán influyendo, pero, sin duda, serían mucho más fiables si los entrevistados se pronunciaran tras ver debatir a ambos candidatos.

Sería interesante saberlo y saber lo que diría el público después de uno o varios debates. Los socialistas madrileños pueden sentirse orgullosos de decidir por sí mismos entre dos buenos candidatos. Pero tienen todo el derecho a reclamar y exigir que se midan en público, de modo que puedan decidir sin dejarse llevar ni por prejuicios ni por presiones, sino por su propio criterio, tras comparar lo que cada uno puede aportar al partido a corto, medio y largo plazo. Lo que cuenta aquí no es a cuál de ellos favorece el debate y a cuál que no lo haya, sino si los debates ayudan o no a decidir cuál es el mejor candidato para conseguir que Madrid cambie. Si el PSOE no propicia esos debates daría al PP un sólido argumento para negarse a debatir en 2012.

Publicado en El País

domingo, 19 de septiembre de 2010

Un diputado socialista opina sobre las elecciones primarias

Debate de ideas en el PSM

19Sep 2010


El proceso de elecciones primarias en el PSM está generando controversia. Una parte –creo que minoritaria– del PSOE y de la opinión pública considera que se trata de un error y, en todo caso, de un riesgo para el partido y para el presidente del Gobierno, que se ha implicado a favor de una candidata. Otra parte pensamos, por el contrario, que constituye una excelente oportunidad de participación y de transparencia, un ejercicio de democracia interna y, por tanto, un proceso de legitimación democrática de la organización y del propio candidato que finalmente sea elegido. Sin rechazar que el consenso en una persona es también un buen método de designación, pero siempre que sea real y no resultado de ninguna imposición de algún tipo de aparato al margen de los propios militantes.
MANUEL DE LA ROCHA RUBÍ

Las primarias, objetivo que reivindicó una parte de la izquierda del partido hace más de una década, no son sólo un sistema de selección de candidatos, sino también una vía de formidable dinamización interna y externa de los afiliados y los simpatizantes y votantes socialistas, pues estimula la participación al permitir conocer mejor a los aspirantes, su trayectoria y liderazgo, grado de aceptación y el apoyo que puedan llegar a tener, pero igualmente sus ideas y sus propuestas para la Comunidad de Madrid.
Por eso, a los actuales candidatos hay que pedirles debate de ideas. Hasta ahora todo parece quedarse en saber quién es más conocido o mejor valorado por las encuestas o en resaltar el trabajo realizado en Madrid, cosas ambas importantes a considerar, pero nunca decisivas, pues la demoscopia no puede sustituir a la democracia. Pero de momento no entran a exponer sus posiciones sobre lo controvertido, bajo el reclamo de que ambos son de Zapatero y le apoyan.
Pero el socialismo es plural, con posiciones distintas, como estamos viendo en estos momentos de crisis económica. En 1998, las primarias entre Almunia y Borrell suponían una elección entre posiciones diferentes dentro del partido, aún cuando ambos habían sido ministros de Felipe González. Almunia, con un perfil más social-liberal, venía marcado por la reforma laboral de 1984 que creó el contrato de fomento de empleo y extendió entre los empresarios la cultura de la temporalidad. Por el contrario, Borrell, un socialdemócrata más clásico, había luchado como ministro por una fiscalidad más progresista y contra el fraude fiscal. Entonces, el partido optó por Borrell, inclinándose a la izquierda.
Por eso parece importante que los candidatos expongan sus posiciones sobre los temas hoy conflictivos que nos afectan. Por ejemplo, la fiscalidad. ¿Están de acuerdo con que, si en España queremos tener una cultura de servicios públicos universales como en Europa, será necesario incrementar la presión fiscal, muy inferior a la media europea? O con referencia más directa a la Comunidad de Madrid: ¿creen que habría que incrementar el IRPF sobre las rentas más altas, al igual que han hecho comunidades autónomas socialistas como Andalucía, Catalunya y Extremadura, y rechaza el PP? Y ¿qué opinan sobre la eliminación del impuesto sobre el patrimonio, que muchos no compartimos, y que era un impuesto gestionado por las CCAA que recaudaba 2.000 millones de euros anuales, más que la congelación de las pensiones? Y lo mismo sobre el impuesto de sucesiones y donaciones, cuando hay quien cree que debe prácticamente eliminarse. O sobre un replanteamiento global del sistema impositivo que lo haga más justo y recaudador, como reclaman los sindicatos y a lo que se opone la derecha.
También sería interesante que los candidatos se pronunciaran sobre el alcance de las medidas de ajuste, especialmente sobre la reforma laboral y la futura de las pensiones, dos temas sobre los que hasta este año había consenso entre el PSOE y los sindicatos, pero que han dado lugar, además de a la convocatoria de una huelga general, a una confrontación en el seno de la izquierda y, por tanto, entre los votantes socialistas madrileños.
Trascendente es también el futuro de Caja Madrid, que Esperanza Aguirre quiso transformar en su chiringuito financiero. La nueva Ley de Cajas posibilita su transformación en bancos, por eso es importante saber si están de acuerdo en un proceso que pudiera llegar a su privatización, a lo que pudiera estar inclinado Rodrigo Rato, o defenderán el carácter actual de entidad social y cuasi-pública de Caja Madrid.
Los socialistas defendemos el acceso universal y en igualdad a una sanidad pública de calidad, pero ¿qué piensan los candidatos que debe hacerse con los hospitales privatizados por Aguirre, o con el área sanitaria única? Y lo mismo sobre la educación en nuestra región, o sobre la aplicación de la Ley de Dependencia, materia en que la derecha ha conseguido que sea Madrid la última región de España.
En definitiva, no bastan encuestas y trabajo, siendo importantes. Los socialistas madrileños queremos saber también cuál es la orientación o “sensibilidad” de los candidatos dentro del pluralismo del partido, de lo que de momento poco se ha hablado, aunque algo va apuntando Tomás Gómez al presentar su candidatura en la Casa del Pueblo de UGT y abogar por el entendimiento con los sindicatos.

Manuel de la Rocha Rubí es diputado del PSOE por Madrid

viernes, 17 de septiembre de 2010

Elecciones primarias y democracia interna

EN las democracias contemporáneas los ciudadanos están representados por los partidos políticos. Y la función de representar al interés nacional, atribuida primero al soberano, y más tarde al parlamento, es realizada actualmente por el partido. En este sentido, el partido es actualmente el rey. Ahora bien, los problemas jurídico-políticos derivados del hecho de que el partido sea el rey son tan delicados que incluso las constituciones más recientes procuran evitar el reconocimiento formal de la representación partidista. Hay, no obstante, cuatro excepciones: la Constitución de Brasil, la Ley federal de Bonn, la Constitución Francesa de 1958 y la española actual de 1978.

Uno de los problemas de la partitocracia es que los nombramientos de representantes los hace el partido, y no el ciudadano representado, ya que el proceso interno de cooptación a la lista de candidatos electorales equivale en la práctica a la elección real del representante político. Y, como consecuencia de ello, es probable que el representante sea más un portavoz de su propio partido que de los ciudadanos. Para limitar estas disfunciones, el propio art. 6, 2ª CE establece que "los partidos políticos en su funcionamiento interno deberán ser democráticos".

El diputado del PSOE Joaquín Leguina propuso en un pleno del Congreso de los Diputados en 1990 llevar a cabo el desarrollo legal y reglamentario del citado párrafo 2º, para dotarlo de contenidos específicos de carácter vinculante. Pero su propuesta fue rechazada por el voto en contra de su propio partido. De ahí que, al no haber sido objeto de posterior desarrollo legal ni reglamentario, y no haber compensado suficientemente los partidos a nivel interno los inevitables procesos de oligarquización a que se refería Michels, en la actualidad no sólo existe una evidente quiebra de la representación política democrática en España, sino que, además, los representados carecen de instrumentos jurídicos para resarcirse de los eventuales daños y perjuicios producidos por dicha quiebra.

Así lo reconocía paladinamente la sentencia de nuestro Tribunal Constitucional por la que se resolvió el recurso de amparo subsiguiente a la resolución de la demanda civil por "incumplimiento de contrato", interpuesta por el cantante catalán Lluís Llach, quien reclamaba contra Felipe González y el PSOE por lo que calificaba de "estafa política" (el programa electoral del 82 prometía el No a la OTAN y, una vez en el gobierno, el PSOE convocó un referéndum para permanecer en ella), al atenerse a la falta de base jurídico-constitucional para atender tal reclamación.

Los críticos de la partitocracia niegan que exista de hecho otro sujeto de la representación que no sean los partidos, los cuales están dominados a su vez por unos pocos líderes que controlan a los aparatos de los partidos. Sartori ha definido tres dimensiones decisivas de lapartitocracia: a) la partitocracia electoral, entendida como el poder del partido para imponer al electorado a quién ha de votar; b) la partitocracia disciplinaria, entendida como la capacidad del partido para imponer al grupo parlamentario una disciplina del partido, o mejor dicho, de la dirección del partido; y c) la partitocracia integral, es decir, la sustitución de la representación formal de los electores por la representación real de los partidos.

A finales de los noventa se produjo en el PSOE un cambio en el sistema representativo interno, que significó la implantación de un modelo de representación individualizado. Y a partir de entonces, la única forma de que la toda la base del partido se manifieste son las elecciones primarias, en las que participan todos los militantes con su voto directo, individual y secreto. En consecuencia, digan lo que digan algunos de sus dirigentes, las primarias, pese a su dificultosa y errática implantación en la cultura política del PSOE, son un derecho estatutario fundamental de la militancia y constituyen el nudo gordiano de la ya de por sí precaria democracia interna del PSOE.

Denegar el derecho a celebrarlas, como están haciendo ahora determinados dirigentes regionales y provinciales del PSOE, constituye no sólo un fraude moral y legal, sino también un miope error político. Porque, como ha demostrado la campaña electoral de Obama, todos los partidos acabarán adaptándose por su propio interés a las mucho más democráticas exigencias funcionales de las nuevas tecnologías de información, comunicación y organización, y poniendo en práctica, vía internet e intranets, nuevas formas de intervención política directa e individualizada características de la sociedad red.

Por ejemplo, realizando debates masivos con los ciudadanos, incluso con los no afiliados, en redes electrónicas abiertas, conducentes a la adopción de posicionamientos programáticos colectivos, articulando así democracia directa y democracia representativa. Una vieja aspiración política de la izquierda, que hoy puede ser replanteada esperanzadoramente por la nueva democracia electrónica.

(Escrito por Rafael Caparrós y publicado en Diario de Cádiz)

lunes, 13 de septiembre de 2010

Presentación de Tomás Gómez



El vídeo sobre la presentación de Tomás Gómez a su candidatura a las primarias del PSOE en Madrid, que tuvo lugar el pasado 5 de septiembre, ha sido reproducido más de 2.000 veces. Por eso, la web de referencia de visualización de vídeos Youtube ha felicitado a la plataforma de apoyo a Gómez y le ha ofrecido que sea su partner.

¿Merece alguien ganar las elecciones?

( Tomada del blog de Jordi Sevilla)

Todas las encuestas reflejan una profunda desconfianza ciudadana respecto a los líderes de los dos principales partidos, incluyendo por parte de sus propios votantes. Y es que pocas cosas, salvo la corrupción, resultan tan letales para el vigor de la democracia que esa teoría según la cuál, no se ganan las elecciones desde la oposición, sino que solo se pierden desde el Gobierno. Porque convierte a la oposición -sea quien sea- en un agente falto de responsabilidad y en espera de que el Gobierno la pifie, solo le interesa desprestigiarlo. Y en una democracia, la oposición -sea quien sea- también tiene su responsabilidad para que el sistema funcione. Descontentos, tanto con el Gobierno como con la oposición, el sistema se gripa.

Cuando la lógica partidista se impone sobre la lógica democrática y el objetivo principal de la política no es resolver problemas para impulsar el bienestar colectivo de la sociedad, sino conseguir el Gobierno, los partidos centran su acción en aquello que mejore su posición electoral RELATIVA respecto al principal competidor. Desde ese momento, lo principal ya no es intentar hacer bien las cosas, sino aparentar que se hacen mejor que el otro. Dicho de otra manera: en esta lógica, los partidos no piden el voto a los ciudadanos argumentando lo buenos que son ellos y sus propuestas, sino LO MALO QUE ES EL OTRO.

Las últimas elecciones europeas ya fueron en esta clave, de manera evidente: cada uno de los dos grandes partidos más interesado en señalar los problemas del otro que las bondades propias con el único objetivo de fidelizar el voto propio y desanimar el voto del adversario.

Si, cuando estas en la oposición, no ganas las siguientes elecciones gracias a que tus actuaciones, argumentos y propuestas logran convencer a una mayoría de que contigo les irá mejor, sino que debes, simplemente, esperar a que el Gobierno cometa errores y pierda, entonces no estarás interesado en ayudar a resolver problemas complejos, rehuirás todo tipo de pactos, incluso los de Estado, te limitaras a deteriorar al Gobierno y ocultar tus intenciones y programas para no despistar a la gente que debe centrar su atención en lo mal que, según tu, lo hace el Gobierno.

Mi tesis es que si todo lo que haces desde la oposición es esperar el desgaste del Gobierno, incluso en momentos graves y, desde el gobierno, te limitas a deteriorar a la oposición, entonces, no merece nadie ganar las elecciones. Ni el que hace ese tipo de oposición, ni el que está en un Gobierno deteriorado. Porque si se cambia de partido en el Gobierno pero no la lógica de funcionamiento, el nuevo Gobierno no podrá contar con la ayuda responsable de la nueva oposición que solo estará interesada en que se desgaste el Gobierno.
La cuestión es: ¿Y ENTONCES, QUE HACER?. Porque, a pesar de todo, ninguno de nuestros problemas importantes se puede resolver desde fuera de la política y cualquier otra opción sistémica, es peor, por lo que significa de deterioro agravado de la democracia.

Me temo que estamos en un CUL DE SAC político, pero con cuatro millones y medio de parados y una grave crisis institucional derivada del Estado de las Autonomías a medio hacer, de la crisis de la Justicia, la Educación, la competitividad etc.

La última vez que estuvimos en una situación parecida, salimos adelante gracias a los Pactos de la Moncloa y al consenso sobre las reformas básicas de la convivencia que nos une. ¿Podría ser una solución algo parecido hoy? ¿Sería posible? ¿Como podemos empujar a las direcciones de los partidos políticos, inlcuidos PNV, CiU, ERC, IU, etc para que cambien de comportamiento, al menos, en estas horas dificiles de España, recuperando eso que se llamaba antes interés general?

Si no se consigue algo así, empujando las reformas económicas, sociales e institucionales que estan bloqueando nuestro avance como país y, con ello, el mayor bienestar colectivo posible, alguien ganará las próximas elecciones generales. Pero no se lo merecerá, sea quien sea, porque no habrá hecho méritos para ello sino que, simplemente, será percibido como menos malo que su adversario. ¡Vaya consuelo!

Lo que deberían ser las elecciones primarias en el PSOE, por Vicenç Navarro

El origen de las primarias en los partidos Demócrata y Republicano en los EEUU fue el descontento hacia el sistema bipartidista existente en aquel país, basado en la existencia de dos partidos, financiados en su mayoría por grandes lobbies económicos e instrumentalizados por dos grandes aparatos poco sensibles a los deseos y opiniones de las bases de tales partidos. Fue consecuencia del descontento entre las bases (y su rebelión frente al aparato de los partidos) que se establecieron las primarias. A partir de su existencia, las primarias tenían por objetivo que las distintas sensibilidades existentes dentro de cada partido compitieran en el mercado político, con el fin no sólo de elegir al candidato, sino también el programa que adoptaría el partido. En general, el programa final debería ser una síntesis resultado de la fuerza expresada durante las primarias por las distintas sensibilidades dentro de cada partido. Cuando en 1988 asesoré al candidato Jesse Jackson Sr. en las primarias del Partido Demócrata, el ganador de las primarias, el Gobernador Dukakis del Estado de Massachussets tuvo que incorporar en la plataforma del Partido Demócrata la promesa de establecer un sistema universal de salud en aquel país, propuesta hecha por el candidato Jackson, y que Dukakis tuvo que aceptar para conseguir su apoyo (que había conseguido el 40% de todos los delegados del Congreso Demócrata en el proceso de las primarias).

Un tanto semejante ocurre en las primarias que tienen lugar a todos los niveles (federales, estatales y municipales) en la preparación de los candidatos de los dos partidos mayoritarios. Las primarias tienen como objetivo no sólo elegir al candidato para el puesto sujeto al proceso electoral, sino también sintetizar las distintas sensibilidades dentro del partido en su programa.

En los países que tienen sistemas proporcionales, en lugar de bipartidistas, la existencia de primarias es, sin embargo, menos frecuente pues, en general, las distintas sensibilidades que existen dentro de un gran partido aparecen como partidos distintos con su propia identidad. En España, sin embargo, el sistema político es escasamente proporcional, lo cual explica que en la práctica funciona como bipartidista, limitando considerablemente su potencial democrático. De ahí la gran importancia de que existan primarias, y muy en particular en los dos partidos mayoritarios, el PSOE y el PP. Es un indicador de la mayor vocación democrática de las izquierdas que las primarias se den con mayor frecuencia entre éstas que entre las derechas.

Las primarias actuales en el PSOE
En el PSOE existen distintas sensibilidades que deberían expresarse durante las primarias, a fin de configurar los equipos de dirección y el programa del partido. Una sensibilidad es la definida (frecuentemente, por los miembros de las otras sensibilidades) como la socialdemocracia “tradicional”. Por regla general, el término tradicional se ha utilizado en el sentido peyorativo como anticuado. Esta tradición, arraigada en la tradición socialdemócrata (que ha alcanzado su máxima expresión en los países escandinavos –Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia-), ha enfatizado las políticas redistributivas, encaminadas a universalizar los derechos sociales y laborales, mediante una financiación basada en la progresividad fiscal con elevado desarrollo del gasto público para financiar los servicios públicos, incluidos los del estado del bienestar y la infraestructura física del país. Esta tradición ha sido en Europa la más exitosa en establecer el altamente popular estado del bienestar. Esta sensibilidad es mayoritaria en las bases sindicales del PSOE, gran mayoría de la clase trabajadora y sectores de las clases medias (así como entre los movimientos sociales, como la mayoría de movimientos feministas y ecologistas).

Otra sensibilidad es la socioliberal, que asume que las políticas fiscales no tienen funciones redistributivas y desalienta la universalización de derechos laborales y sociales. En realidad, su proyecto se define como el de garantizar la igualdad de oportunidades, de manera que todos tengan las mismas oportunidades, sin detallar, sin embargo, como lograr que ello ocurra, excepto en un gran énfasis en la educación como garante de oportunidad. Dicha tradición rehuye de intervenciones públicas redistributivas, desmereciendo la importancia del gasto público. Tal como escribió Jordi Sevilla en su libro El nuevo socialismo (muy influyente en el equipo del candidato Zapatero), “¿Alguien puede defender, a estas alturas del siglo, que un programa socialdemócrata debe ir a favor de más impuestos y gasto público?” (p.73), escrito en el país de la UE-15 que tiene la carga fiscal menor, el gasto público por habitante más bajo, y el estado del bienestar menos financiado.

Otro ejemplo de esta postura aparece en las declaraciones del Ministro de Economía, Pedro Solbes del gobierno PSOE, que en una entrevista a El País (22.07.09) indicó que la medida de la cual estaba más orgulloso era la de no haber aumentado el gasto público en el primer mandato del gobierno 2004-2008. En realidad, el gasto público aumentó en este periodo, debido principalmente al elevado crecimiento económico, resultado de la burbuja inmobiliaria. Tal crecimiento no se debió, sin embargo, al aumento de los impuestos y su progresividad, lo cual explica que, cuando la burbuja explotó, el gasto público cayera en picado.

Esta sensibilidad dentro del PSOE es próxima a la Tercera Vía, y ha sido dominante en los equipos económicos del PSOE. Esta dilución del compromiso con el sector público (incluido gasto y regulación pública) va acompañada de un cambio de narrativa, sustituyendo el término de estado del bienestar por el de sociedad del bienestar (tal como caracteriza a las sensibilidades democratacristianas y liberales). Varias declaraciones hechas por la “nueva generación” de socialistas están ya utilizando tal narrativa. Y, por supuesto, términos como “clase trabajadora” desaparecen sustituidos por el términos “clases medias” que consideran ser su objetivo de captación electoral.

Las consecuencias electorales del socioliberalismo
Entre estas dos sensibilidades hay otras que tienen elementos de cada una de las dos. Pero sería importante que se debatieran pues mientras las segundas han sido las dominantes, no han sido las más populares entre sus bases, lo que explica el escaso éxito electoral de la sensibilidad socioliberal. El cambio del panorama político en la Unión Europea (y muy en especial en la UE-15) cuyos países han pasado de ser gobernados por las izquierdas a serlo por las derechas, es debido, precisamente, al dominio de las opciones socioliberales dentro de las izquierdas gobernantes. Así, en Gran Bretaña, los gobiernos Blair y Brown, pertenecientes a la Tercera Vía (la máxima expresión del socioliberalismo), perdieron popularidad rápidamente. El triunfo de la Tercera Vía fue en 1997, cuando el Partido New Labour ganó las elecciones por primera vez. El Partido Laborista consiguió el 43% del voto popular (es decir, de la población que votó), que era el 33% del total del electorado (es decir, de la población que podía votar). Su victoria se debió (tal como documentaron las encuestas a pie de urna) al enorme rechazo hacia las políticas neoliberales del partido conservador, imbuido de thatcherismo. Pero a partir de aquel año, el descenso del partido Laborista (convertido en New Labour) fue espectacular. En el año 2001 ganó sólo el 25% del total del electorado, y en el año 2005 descendió todavía más, al 22%. Este gran descenso no se reflejó en un descenso notable de su presencia en el Parlamento debido al sesgo electoral británico a favor del sistema bipartidista. Así, en 1997, el Partido Laborista, con el 33% del total del electorado, consiguió nada menos que el 64% de todos los escaños en el Parlamento Británico. En el año 2001, el Partido Laborista perdió sólo 5 escaños (pasó de 418 a 413, pasando del 64% al 62% de todos los escaños) y ello a pesar del gran descalabro electoral (que pasó del 33% al 25% del total del electorado). Y en 2005, cuando el voto del total del electorado bajó incluso más, al 22%, perdió escaños pero en número mucho menor de lo que hubiera ocurrido en un sistema proporcional. En realidad, continuó manteniendo la mayoría de escaños (el 55%).

Cito estos datos porque cuestionan la visión generalizada e interesada de definir la Tercera Vía como exitosa por su permanencia en el poder. Ello no se debió a su popularidad (que descendió enormemente), sino a un sistema electoral extremadamente sesgado, favorable al bipartidismo, y a la enorme crisis del Partido Conservador. Las políticas de la Tercera Vía fueron profundamente impopulares y muy en especial, entre sus bases electorales (las clases populares), como documento en mi artículo “El Fracaso del Nuevo Laborismo y del Socioliberalismo”, Sistema Digital (21.05.10), también expuesto en mi blog (www.vnavarro.org). En realidad, tales políticas crearon una enorme movilización y desmoralización entre los miembros del Partido Laborista, habiendo perdido casi la mitad de sus miembros durante su mandato. Una consecuencia de esta situación es la sustitución de la movilización de las bases por una gran dependencia en grupos mediáticos, como el del Sr. Murdoch, definido por la izquierda del Partido Laborista como el 28º miembro del Gabinete del Sr. Blair. En Alemania, la Tercera Vía, con Schroeder, fue la causa del mayor descalabro político que haya sufrido el Partido Socialdemócrata. Y en todos estos casos existe el denominador común de la gran abstención de sus bases electorales.

Estas observaciones vienen al caso a raíz de las primarias dentro del PSOE, y muy en particular en Madrid. Es un déficit democrático el que la competitividad política entre los dos candidatos a representar a aquel partido en las próximas elecciones a la Presidencia de la Comunidad Autonómica de Madrid, se esté basando en características personales de los candidatos y su articulación con los distintos aparatos, y muy poco en sus propuestas de cambio, que reflejen su posicionamiento en cuando a las sensibilidades más importantes existentes dentro del PSOE. Puesto que es el partido mayoritario dentro de las izquierdas, la orientación de tal partido afecta a todas las otras formas políticas en España.

La existencia de las sensibilidades descritas en este artículo dentro del PSOE es obvia. Y la sensibilidad socioliberal ha sido muy influyente en los equipos económicos (que han marginado, en general, los economistas keynesianos, muy competentes, que existen en aquel partido) aunque también se encuentran en la cultura política del nuevo socialismo, que se presenta como modernizador del proyecto socialdemócrata, lo cual significa, en mi opinión, su abandono. De ahí la enorme importancia de que las bases fuercen un debate dentro de las primarias para permitir la exposición de la diversidad, pues no sólo el PSOE, sino toda España, se la juega en la resolución de tales debates hasta ahora demasiado ocultos e incluso silenciados en los medios.

Vicenç Navarro esCatedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
www.vnavarro.org