Plan para los jóvenes
Según la última EPA, la del tercer trimestre de 2010, hay más de un 40% de paro juvenil (860.300 desempleados de menos de 25 años). Para fomentar la contratación a los menores de 35 años, IU propone en su plan global que en 2011 y 2012 el Gobierno subvencione al empresario el 50% del total de las cotizaciones a la Seguridad Social por contingencias comunes (jubilación e incapacidad temporal) . Costaría 250 millones por 100.000 nuevos contratos, y el Estado ingresaría a cambio 836 millones por la Seguridad Social y 200 millones en IRPF, y ahorraría otros 260 en pago del paro.
IU también pide un programa-convenio para que las administraciones públicas contraten a 100.000 jóvenes en 2011 en puestos no estructurales (o sea, temporales, no por oposición). Costaría 3.000 millones de euros, pero retornarían a las arcas del Estado mil millones por cotizaciones a la Seguridad Social y 700 millones por IRPF. Se dejarían de gastar otros 260 en abono del subsidio de desempleo.
La federación propone asimismo que se creen 50.000 empleos en escuelas taller (o escuelas de segunda oportunidad) para los jóvenes de entre 18 y 30 que hayan terminado sus estudios sin ninguna cualificación académica o profesional.
Las cosas que acabarán con la raza humana son: la política sin principios, el progreso sin compasión, la riqueza sin esfuerzo, la erudición sin silencio, la religión sin riesgo y el culto sin conciencia. - Anónimo
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sábado, 6 de noviembre de 2010
Plan de iniciativa social de Izquierda Unida
IU propone que las hipotecas se cancelen entregando la vivienda
Cayo Lara presenta un plan global dirigido a los más perjudicados por la crisis // La medida copia el 'efecto sonajero' que ya existe en países como Estados Unidos
..... El coordinador federal, Cayo Lara, acompañado de su secretario de Economía, José Antonio García Rubio, ha presentado su plan global de "iniciativa social" frente al desempleo y las consecuencias de la recesión. Y una de las propuestas es la regulación de la dación en pago. Es decir, IU pide que si un ciudadano no puede pagar su hipoteca, entregue al banco su vivienda y con ello dé por cancelada por completo su deuda. Es una fórmula que ya existe en Francia y EEUU, y se conoce como efecto sonajero. Lógico: remite a la imagen de devolver las llaves de un piso.
Es "insultante" que un embargado pague más deuda, subraya Lara
Hoy en España, cuando una persona no es capaz de seguir abonando sus letras, la entidad embarga la vivienda y la pone a subasta. Pero el afectado por desahucio tiene la deuda viva si esta supera el valor del inmueble. Y ha de pagarla, al igual que los intereses. De lo contrario, el banco retendrá el resto de bienes disponibles. Así, el drama de una familia que ha perdido su piso se prolonga aún más. Una situación "insultante" que Lara exige al Gobierno que ataje.IU avanza que haría falta retocar, por un lado, la Ley Hipotecaria, para que "sólo el bien hipotecado responda como garantía del pago del crédito concedido". Y por otro, se incluiría la dación en pago en el Código Civil como "procedimiento preferente" para liquidar los impagos de un crédito. Además, la federación demanda una Ley de Endeudamiento Familiar, a fin de que las familias no puedan entramparse de forma ilimitada.
Hacia los 100.000 desahucios
La iniciativa prevé programas de empleo y formación a parados en los ayuntamientos
IU plantea otras medidas para "asegurar el derecho a la vivienda" que, como recordó el coordinador, consigna la Constitución en su artículo 47. Reclama que la fiscalía se persone en las causas de desahucio por impago de hipotecas cuando los afectados aporten indicios de irregularidades en los contratos hipotecarios. Para la federación, los jueces deberían actuar de oficio si observan fraudes en los mismos. Lara exige asimismo que se suspenda el embargo cuando "al menos uno de los miembros de la unidad familiar" esté sin trabajo.
Parados de larga duración
El plan de IU también busca combatir el paro de larga duración. Lara volvió a servirse de las cifras como muletas: según la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2010, 1.970.300 ciudadanos llevan más de un año sin trabajo. De ellos, 834.400 acumulan 24 meses o más sin empleo.
El coordinador señaló que, como medida coyuntural, debería prorrogarse la ayuda de 426 euros para los que no tienen ya ninguna prestación. Mientras, debería ponerse en marcha un plan para que los parados trabajen en los ayuntamientos en tareas administrativas, de cuidado y vigilancia, de servicios a la comunidad, de mejora del habitat urbano o de reforma y mantenimiento de los servicios públicos, y al mismo tiempo reciban cursos de reciclaje. Cobrarían 700 euros durante seis meses. Supondría una inversión de 600 millones de euros por cada 100.000 plazas, pero IU calcula que retornarían a las arcas del Estado 220 millones en concepto de cotizaciones a la Seguridad Social. Además, se liberarían 255 millones del programa de los 426 euros (PRODI).
"Queremos mostrar que son medidas menos costosas de lo que dice la derecha y son rentables fiscalmente", defendió Lara. Es decir, que IU tira de gasto, pero también vigila los ingresos.
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martes, 17 de agosto de 2010
Del porqué IU no rentabiliza el enfado con los socialistas (II)
El pasado viernes se publicó la primera parte de este largo artículo. Los que por primera vez accedan a él pueden leer la primera parte si tienen interés. Es el artículo que le precede.
Hay otra cuestión en la que me gustaría insistir para apreciar algunas de las diferencias. Es el particular caso que se da entre las dos grandes formaciones que se reclaman de izquierda; El origen de los proyectos o los programas y del “qué hacer” que son radicalmente distintos.
El PSOE gobierna entre el estrecho margen que le deja las presiones de los mercados, los poderes económicos y los estudios demoscópicos. Es la democracia instantánea. Los programas y los proyectos se hilvanan a partir de la detección de las necesidades expresadas en encuestas y estudios de opinión y, también, de las aspiraciones de otros sectores de la población que acaban siendo, debido a su alto poder de organización, auténticos nichos de votantes. De ahí parten las iniciativas. El electorado ya no es aquella clase con unas determinadas necesidades sociales y económicas. El electorado propio resulta ser el todo. Lo importante es ganar, llegar, y para ello, hay que tocar muchos palos. La economía, hasta la crisis, fue apartada de la política, ya no era el factor determinante, lo eran en cambio las bolsas de votantes organizados o semiorganizados que llamaban la atención sobre sus problemas concretos. De la reducción de las desigualdades económicas a la corrección de las desigualdades sociales. La atención a este electorado, desatendido por otros partidos por el carácter rompedor de lo establecido de gran parte de sus demandas tenían la virtud de garantizar la mayoría frente a una derecha insensible al cambio social. Lo importante es conseguir el poder aunque para ello hubiese que disfrazarse de lo que fuera.
Existía, existe, el voto cautivo y el voto emocional. Se parte del voto histórico como base central del éxito del proyecto al que hay que sumar esas bolsas sectoriales, desclasadas, que corresponde a las minorías y colectivos para que posibiliten ese plus que puede dar el triunfo. La política se hace más dinámica, de la noche a la mañana surgen nuevos proyectos diseñado en los laboratorios de interpretación de la “voluntad popular” que a su vez, son inducidos por los media y por un uso inteligente del marketing. Son enunciados por asesores y anunciados, casi siempre, por el máximo dirigente. El programa es dinámico y secreto y lo es, porque la sorpresa es un valor y también, porque lo que hoy puede ser válido, tiene posibilidades de que mañana las encuestas o el mercado digan lo contrario. De ahí, los cambios súbitos, que despistan y paraliza a los que tienen que dar explicaciones o les obliga a hacer piruetas en falso (el partido).
Las famosas contradicciones, el desconocimiento por parte del partido e incluso, por otros miembros del gobierno de medidas que en buena lógica les correspondería aprobar. El partido y los otros dirigentes se enfrentan a lo desconocido, es la fe en el líder lo que les mueve y es el líder, sabedor del valor que tiene para el colectivo el único depositario de la voluntad colectiva.
En Izquierda Unida, heredera de una cultura y un modo de hacer distinto, el proceso resulta ser el contrario. Aquí es la rigidez en los programas y la fidelidad a unos principios la que marcan la tónica. Principios establecidos en el “cómo queremos” (el partido) y no en el “como quieren” (la ciudadanía). Principios heredados, la mayoría de las veces, de análisis que se amparan en realidades sociales que no se corresponden ya de modo estricto con el presente. El partido, la coalición en este caso, refleja fielmente lo que sus integrantes desean para la sociedad y ese deseo es expuesto como tal al electorado. La coalición sigue aplicando el gramsciano concepto de vanguardia e intelectual colectivo y lo aplica en sus relaciones con la clase que dice defender. Ahí, en ese intelectual colectivo y desde un rigor de izquierda es donde se deposita el saber y la única política posible. De esa mecánica surgen los programas, los mismos que, elección tras elección, se revelan como proyectos rebosantes de pureza y rigor izquierdista pero que tienen en cambio, el defecto de no despertar el entusiasmo mayoritario en los sectores populares y en la clase trabajadora que mayoritariamente sigue respaldando al otro partido de izquierda o simplemente, se quedan en casa.
La única vía posible es convencer al pueblo de izquierda de que ellos están en la “razón” pero aquí chocamos con la credibilidad de las personas que proponen, con un sistema electoral a todas luces injusto y con la falta de acceso a los “mayoristas” de la comunicación. Demasiados obstáculos para ser vencidos a corto plazo. La solución podría venir de la mano de propuestas que estén en mayor consonancia con lo que en el CIS se identifica como izquierda entre los valores 3 y 6 (pág. 18 Barometro CIS) pero al parecer eso no forma parte de la hoja de ruta de la coalición de izquierda que esta sometida, no lo olvidemos, en lo ideológico a fuertes contradicciones internas. El “programa, programa, programa” de Anguita expresaba como pocos ese rigor. Esa reiterada llamada era la vacuna propuesta para combatir los efectos disgregadores de la fidelidad ideológica de los grupos que conforma la coalición. Si la unidad interna es algo imposible en lo ideológico, si lo podrá ser, en cambio, en relación a las propuestas.
No creo posible un cambio de la política que viene aplicando el PSOE. Sin duda, de cara a las próximas elecciones se tratará de sondear lo que quieren los votantes desertores y habrá alguna que otra oferta-señuelo. No creo que pueda darse un cambio interno en mayor profundidad, porque esas masas obreras y los “mayores” ni están representadas en el partido, ni lo están en un gobierno en el que se da cabida a una ministra de treinta y dos años que ha calificado, sin más, a los mayores de cincuenta años como gerontocracia y no lo creo, porque Zapatero tiene un proyecto a largo plazo que consiste en cambiar las bases ideológicas, estructurales y generacionales de un partido centenario. Es una limpieza ideológica y generacional en toda regla en la que esta embarcado el núcleo dirigente del PSOE en medio de la pasividad generalizada de todo el partido. El PSOE hoy es el partido de otros, pero no es el partido de lo que antes considerábamos las clases obreras y populares.
En cuanto a IU son necesarios muchos cambios internos de carácter organizativo e ideológico para que pueda adelantar posiciones en los sectores de votantes socialistas desencantados. Los intentos habidos no parece que hayan dado sus frutos. Aunque sea aún pronto para decirlo, son necesarios otros muchos gestos. No es cuestión tan solo de trabajo, son otras cosas y hay ya mucha gente en el seno de la coalición que están al tanto de ello, son estos, los que deben llevar ese convencimiento propio al conjunto de la coalición.
La batalla para la izquierda es, como casi siempre, una batalla previa interna. Se trata de resolver los problemas, contradicciones y desorientación en la que estamos instalados, mientras eso no ocurra será imposible convertir ese cincuenta por ciento de españoles que se consideran asimismo de izquierda en una mayoría electoral.
Copiado del blog MORAL Y POLÍTICA
Hay otra cuestión en la que me gustaría insistir para apreciar algunas de las diferencias. Es el particular caso que se da entre las dos grandes formaciones que se reclaman de izquierda; El origen de los proyectos o los programas y del “qué hacer” que son radicalmente distintos.
El PSOE gobierna entre el estrecho margen que le deja las presiones de los mercados, los poderes económicos y los estudios demoscópicos. Es la democracia instantánea. Los programas y los proyectos se hilvanan a partir de la detección de las necesidades expresadas en encuestas y estudios de opinión y, también, de las aspiraciones de otros sectores de la población que acaban siendo, debido a su alto poder de organización, auténticos nichos de votantes. De ahí parten las iniciativas. El electorado ya no es aquella clase con unas determinadas necesidades sociales y económicas. El electorado propio resulta ser el todo. Lo importante es ganar, llegar, y para ello, hay que tocar muchos palos. La economía, hasta la crisis, fue apartada de la política, ya no era el factor determinante, lo eran en cambio las bolsas de votantes organizados o semiorganizados que llamaban la atención sobre sus problemas concretos. De la reducción de las desigualdades económicas a la corrección de las desigualdades sociales. La atención a este electorado, desatendido por otros partidos por el carácter rompedor de lo establecido de gran parte de sus demandas tenían la virtud de garantizar la mayoría frente a una derecha insensible al cambio social. Lo importante es conseguir el poder aunque para ello hubiese que disfrazarse de lo que fuera.
Existía, existe, el voto cautivo y el voto emocional. Se parte del voto histórico como base central del éxito del proyecto al que hay que sumar esas bolsas sectoriales, desclasadas, que corresponde a las minorías y colectivos para que posibiliten ese plus que puede dar el triunfo. La política se hace más dinámica, de la noche a la mañana surgen nuevos proyectos diseñado en los laboratorios de interpretación de la “voluntad popular” que a su vez, son inducidos por los media y por un uso inteligente del marketing. Son enunciados por asesores y anunciados, casi siempre, por el máximo dirigente. El programa es dinámico y secreto y lo es, porque la sorpresa es un valor y también, porque lo que hoy puede ser válido, tiene posibilidades de que mañana las encuestas o el mercado digan lo contrario. De ahí, los cambios súbitos, que despistan y paraliza a los que tienen que dar explicaciones o les obliga a hacer piruetas en falso (el partido).
Las famosas contradicciones, el desconocimiento por parte del partido e incluso, por otros miembros del gobierno de medidas que en buena lógica les correspondería aprobar. El partido y los otros dirigentes se enfrentan a lo desconocido, es la fe en el líder lo que les mueve y es el líder, sabedor del valor que tiene para el colectivo el único depositario de la voluntad colectiva.
En Izquierda Unida, heredera de una cultura y un modo de hacer distinto, el proceso resulta ser el contrario. Aquí es la rigidez en los programas y la fidelidad a unos principios la que marcan la tónica. Principios establecidos en el “cómo queremos” (el partido) y no en el “como quieren” (la ciudadanía). Principios heredados, la mayoría de las veces, de análisis que se amparan en realidades sociales que no se corresponden ya de modo estricto con el presente. El partido, la coalición en este caso, refleja fielmente lo que sus integrantes desean para la sociedad y ese deseo es expuesto como tal al electorado. La coalición sigue aplicando el gramsciano concepto de vanguardia e intelectual colectivo y lo aplica en sus relaciones con la clase que dice defender. Ahí, en ese intelectual colectivo y desde un rigor de izquierda es donde se deposita el saber y la única política posible. De esa mecánica surgen los programas, los mismos que, elección tras elección, se revelan como proyectos rebosantes de pureza y rigor izquierdista pero que tienen en cambio, el defecto de no despertar el entusiasmo mayoritario en los sectores populares y en la clase trabajadora que mayoritariamente sigue respaldando al otro partido de izquierda o simplemente, se quedan en casa.
La única vía posible es convencer al pueblo de izquierda de que ellos están en la “razón” pero aquí chocamos con la credibilidad de las personas que proponen, con un sistema electoral a todas luces injusto y con la falta de acceso a los “mayoristas” de la comunicación. Demasiados obstáculos para ser vencidos a corto plazo. La solución podría venir de la mano de propuestas que estén en mayor consonancia con lo que en el CIS se identifica como izquierda entre los valores 3 y 6 (pág. 18 Barometro CIS) pero al parecer eso no forma parte de la hoja de ruta de la coalición de izquierda que esta sometida, no lo olvidemos, en lo ideológico a fuertes contradicciones internas. El “programa, programa, programa” de Anguita expresaba como pocos ese rigor. Esa reiterada llamada era la vacuna propuesta para combatir los efectos disgregadores de la fidelidad ideológica de los grupos que conforma la coalición. Si la unidad interna es algo imposible en lo ideológico, si lo podrá ser, en cambio, en relación a las propuestas.
No creo posible un cambio de la política que viene aplicando el PSOE. Sin duda, de cara a las próximas elecciones se tratará de sondear lo que quieren los votantes desertores y habrá alguna que otra oferta-señuelo. No creo que pueda darse un cambio interno en mayor profundidad, porque esas masas obreras y los “mayores” ni están representadas en el partido, ni lo están en un gobierno en el que se da cabida a una ministra de treinta y dos años que ha calificado, sin más, a los mayores de cincuenta años como gerontocracia y no lo creo, porque Zapatero tiene un proyecto a largo plazo que consiste en cambiar las bases ideológicas, estructurales y generacionales de un partido centenario. Es una limpieza ideológica y generacional en toda regla en la que esta embarcado el núcleo dirigente del PSOE en medio de la pasividad generalizada de todo el partido. El PSOE hoy es el partido de otros, pero no es el partido de lo que antes considerábamos las clases obreras y populares.
En cuanto a IU son necesarios muchos cambios internos de carácter organizativo e ideológico para que pueda adelantar posiciones en los sectores de votantes socialistas desencantados. Los intentos habidos no parece que hayan dado sus frutos. Aunque sea aún pronto para decirlo, son necesarios otros muchos gestos. No es cuestión tan solo de trabajo, son otras cosas y hay ya mucha gente en el seno de la coalición que están al tanto de ello, son estos, los que deben llevar ese convencimiento propio al conjunto de la coalición.
La batalla para la izquierda es, como casi siempre, una batalla previa interna. Se trata de resolver los problemas, contradicciones y desorientación en la que estamos instalados, mientras eso no ocurra será imposible convertir ese cincuenta por ciento de españoles que se consideran asimismo de izquierda en una mayoría electoral.
Copiado del blog MORAL Y POLÍTICA
domingo, 15 de agosto de 2010
Del porqué IU no rentabiliza el enfado con los socialistas (I)
(Lo he leído en el blog MORAL Y POLÍTICA y por su interés lo traigo aquí)
El problema de la izquierda, de los ciudadanos que votan izquierda y que están defraudados con el Presidente del Gobierno y con la política del PSOE, es el de no encontrar salida al dilema, de seguir las cosas así, con el que se enfrentaran a la hora de votar.
¿Qué votar? ¿En qué sentido lo van a hacer los antiguos votantes socialistas que se manifiestan, encuesta tras encuesta, desencantados con la actual política del gobierno?
Los datos que hasta ahora nos ofrece el CIS y otros gabinetes demoscópicos son inequívocos. El staff socialista mantiene la esperanza de recortar esas diferencias mientras, paradójicamente, sigue profundizando en las políticas que han servido para crear ese divorcio con parte de su electorado. El Partido Popular no avanza pero mantiene intactas sus expectativas. Quien retrocede es el Partido Socialista.
Ese voto, como ha ocurrido en alguna otra ocasión, se queda en casa. Es un voto socialista y al mismo tiempo, esa es la cuestión que hay que atender, porque se tiende a pensar lo contrario, es un voto socialista moderado. Quiere políticas basadas en el socialismo democrático y cuando no las encuentra castiga con su abstención no solo al PSOE si no que también, de modo indirecto, lo hace con la izquierda en su conjunto.
Es exigente y poco exigente a la vez. Es exigente con los suyos, a los que reclama actuaciones en el marco de la economía y no se conforma con otra cosa. Es decir, que no es nada dado a caer en la trampa del gato por liebre. No se da por satisfecho con las guindas que aquí y allí les suele colocar el gobierno como políticas de compensación, entre otras cuestiones, porque ese electorado que suele corresponder a determinadas franjas de la población no las suele considerar suficiente y a veces, incluso, las puede considerar frívolas. Esta dirección del PSOE a la que hay que atribuir avances en el marco de las libertades ciudadanas otorgando, a veces, libertades no reclamadas y no sentidas como necesidad social, ha resultado ser regresiva en la corrección de las desigualdades económicas y es ahí donde radica el problema de la desafección.
Es con el PSOE en el gobierno cuando mas se han agudizado las diferencias de renta como así lo indica el Barómetro Social de España. Es triste, muy triste que el Coeficiente de Gini haya descendido durante el gobierno del Partido Popular y que durante toda la época Zapatero las desigualdades sociales en España desde el 2003 hasta ahora, tal como se refleja en ese índice, se hayan mantenido casi en los mismos valores del año 2000.
Otro dato sobre el que hemos reclamado constante atención desde este blog es el nivel de pobreza de la sociedad española que ya ofrecía mucho antes de la crisis cifras inaceptables para una sociedad moderna ¿Que explicación sobre cifras sumamente reveladoras puede ofrecer la dirección del PSOE? ¿Cuáles son los argumentos que pueden darnos lo que podríamos denominar el “complejo socialista” entendido tal como los miles de socialistas que ejercen de cargos públicos, orgánicos y los asesores de todo tipo que respaldan “sin fisuras” el mantenimiento de políticas regresivas.
Este electorado defraudado es también por otro lado poco exigente ya que, no pretende ir más allá. Es así como se visualiza el no aprovechamiento por la otra izquierda de las deserciones que se producen en las filas de los antiguos votantes socialistas.
En la última encuesta del CIS se reflejaba algunos de estos rasgos. Más del 50% de los electores se ubican en la izquierda frente al 30% que lo hace en la derecha.
En los votantes socialistas se dan los mayores índices de disconformidad entre intención de voto e ideología confesada, es en el caso de hombres y en las cohortes de edad mayores de 34 años y es precisamente, en el tramo comprendido entre los 18 y 24 años, donde hay un mayor número de votantes que se consideran “liberales”. Sorprende la poca atención que los tramos “desertores”, masculinos y mayores de 34 años, ha recibido del PSOE.
Cuando se confronta intención de voto a un partido (PSOE) con la cercanía de las propias ideas a lo que postula ese partido el gap entre ambos datos es de cinco puntos y en algunos tramos de edad (de 34 hasta 60) llega hasta los ocho puntos. Se consideran cercanos al socialismo pero no piensan votar a los socialistas.
Pero vayamos a lo sustancial ¿Porqué no se refleja en las encuestas un avance mas importante de Izquierda Unida, coalición que en buena lógica debería de ser la destinataria del descontento?
Por supuesto no puede haber una sola razón, tampoco se trata de entrar en una materia que requeriría un sistemático estudio pero podemos aventurar, entre otras, en el desconocimiento de las políticas de la coalición, sus líderes, la identificación entre Izquierda Unida y Partido Comunista, el peso de un proceso de estigmatización de todo lo comunista que ni la transición, ni la democracia ha conseguido superar, el fracaso del llamado socialismo real etc. En fin, gran parte de los problemas tienen su origen en esa confusión intencionada para unos y objetiva para otros entre Partido Comunista e Izquierda Unida. De esto y otras cuestiones trataremos en la segunda entrega el próximo lunes.
El problema de la izquierda, de los ciudadanos que votan izquierda y que están defraudados con el Presidente del Gobierno y con la política del PSOE, es el de no encontrar salida al dilema, de seguir las cosas así, con el que se enfrentaran a la hora de votar.¿Qué votar? ¿En qué sentido lo van a hacer los antiguos votantes socialistas que se manifiestan, encuesta tras encuesta, desencantados con la actual política del gobierno?
Los datos que hasta ahora nos ofrece el CIS y otros gabinetes demoscópicos son inequívocos. El staff socialista mantiene la esperanza de recortar esas diferencias mientras, paradójicamente, sigue profundizando en las políticas que han servido para crear ese divorcio con parte de su electorado. El Partido Popular no avanza pero mantiene intactas sus expectativas. Quien retrocede es el Partido Socialista.
Ese voto, como ha ocurrido en alguna otra ocasión, se queda en casa. Es un voto socialista y al mismo tiempo, esa es la cuestión que hay que atender, porque se tiende a pensar lo contrario, es un voto socialista moderado. Quiere políticas basadas en el socialismo democrático y cuando no las encuentra castiga con su abstención no solo al PSOE si no que también, de modo indirecto, lo hace con la izquierda en su conjunto.
Es exigente y poco exigente a la vez. Es exigente con los suyos, a los que reclama actuaciones en el marco de la economía y no se conforma con otra cosa. Es decir, que no es nada dado a caer en la trampa del gato por liebre. No se da por satisfecho con las guindas que aquí y allí les suele colocar el gobierno como políticas de compensación, entre otras cuestiones, porque ese electorado que suele corresponder a determinadas franjas de la población no las suele considerar suficiente y a veces, incluso, las puede considerar frívolas. Esta dirección del PSOE a la que hay que atribuir avances en el marco de las libertades ciudadanas otorgando, a veces, libertades no reclamadas y no sentidas como necesidad social, ha resultado ser regresiva en la corrección de las desigualdades económicas y es ahí donde radica el problema de la desafección.
Es con el PSOE en el gobierno cuando mas se han agudizado las diferencias de renta como así lo indica el Barómetro Social de España. Es triste, muy triste que el Coeficiente de Gini haya descendido durante el gobierno del Partido Popular y que durante toda la época Zapatero las desigualdades sociales en España desde el 2003 hasta ahora, tal como se refleja en ese índice, se hayan mantenido casi en los mismos valores del año 2000.
Otro dato sobre el que hemos reclamado constante atención desde este blog es el nivel de pobreza de la sociedad española que ya ofrecía mucho antes de la crisis cifras inaceptables para una sociedad moderna ¿Que explicación sobre cifras sumamente reveladoras puede ofrecer la dirección del PSOE? ¿Cuáles son los argumentos que pueden darnos lo que podríamos denominar el “complejo socialista” entendido tal como los miles de socialistas que ejercen de cargos públicos, orgánicos y los asesores de todo tipo que respaldan “sin fisuras” el mantenimiento de políticas regresivas.
Este electorado defraudado es también por otro lado poco exigente ya que, no pretende ir más allá. Es así como se visualiza el no aprovechamiento por la otra izquierda de las deserciones que se producen en las filas de los antiguos votantes socialistas.
En la última encuesta del CIS se reflejaba algunos de estos rasgos. Más del 50% de los electores se ubican en la izquierda frente al 30% que lo hace en la derecha.
En los votantes socialistas se dan los mayores índices de disconformidad entre intención de voto e ideología confesada, es en el caso de hombres y en las cohortes de edad mayores de 34 años y es precisamente, en el tramo comprendido entre los 18 y 24 años, donde hay un mayor número de votantes que se consideran “liberales”. Sorprende la poca atención que los tramos “desertores”, masculinos y mayores de 34 años, ha recibido del PSOE.
Cuando se confronta intención de voto a un partido (PSOE) con la cercanía de las propias ideas a lo que postula ese partido el gap entre ambos datos es de cinco puntos y en algunos tramos de edad (de 34 hasta 60) llega hasta los ocho puntos. Se consideran cercanos al socialismo pero no piensan votar a los socialistas.
Pero vayamos a lo sustancial ¿Porqué no se refleja en las encuestas un avance mas importante de Izquierda Unida, coalición que en buena lógica debería de ser la destinataria del descontento?
Por supuesto no puede haber una sola razón, tampoco se trata de entrar en una materia que requeriría un sistemático estudio pero podemos aventurar, entre otras, en el desconocimiento de las políticas de la coalición, sus líderes, la identificación entre Izquierda Unida y Partido Comunista, el peso de un proceso de estigmatización de todo lo comunista que ni la transición, ni la democracia ha conseguido superar, el fracaso del llamado socialismo real etc. En fin, gran parte de los problemas tienen su origen en esa confusión intencionada para unos y objetiva para otros entre Partido Comunista e Izquierda Unida. De esto y otras cuestiones trataremos en la segunda entrega el próximo lunes.
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