jueves, 15 de agosto de 2013

Calles de Cádiz, José Pettenghi Lachambre

EL 2 de julio de 1943, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre de cuatro calles: Soledad por Sol, Chantre por Callejón de los Piratas, San Telmo por Leones y Santa Rosalía por Callejón del Parque. ¿El motivo? Que parecía impropio que calles conocidas por sus casas de citas llevaran un nombre religioso. 

La beata hipocresía de aquellos munícipes del primer franquismo, que se hinchó a rotular calles con los nombres de generales fascistas y sus gestas, y de virtuosos obispos, santos y vírgenes, fulminó sin embargo esas cuatro en aras de la virtud pública (y de los vicios privados). 

El callejero de las ciudades es fiel reflejo de su momento político, social e incluso económico. Me refiero al último cambio -hace unos días- en el callejero gaditano: Rodríguez Bouzo por Guillermo J. Chaminade. Como Edmundo Rodríguez Bouzo fue gobernador militar de Cádiz de 1941 a 1952 -supongo que esos son los méritos para que una calle llevara su nombre- pensé que el Ayuntamiento, por fin, empezaba a dar cumplimiento al artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica. Tal vez, lo cierto es que la calle ha recibido el nombre del fundador de la Compañía de María, gracias al influyente colegio privado al que da la calle. 

Y es que el callejero de una ciudad es fiel reflejo de su momento político, social e incluso económico. Así, Cádiz tiene unas 600 vías públicas; pues bien, más de la cuarta parte están dedicadas a santos, cardenales, obispos, beatos, monjas fundadoras y no tan fundadoras, a enrevesadas advocaciones marianas, a vírgenes y a cristos, amén de otros piadosos nombres. 

Por ley, el gobierno local debe ir retirando del callejero los nombres franquistas que aún quedan. Un poné: Varela, Carranza, Gabriel Matute, Fernández Ladreda, García Escámez, Ejército de África, Brunete, Rico de Sanz, Infante de Orleáns, a su templo… Pero no debe preocuparse, porque la nómina de santos, santas, arzobispos y padres fundadores es inagotable. Y es que, en efecto, el callejero de las ciudades es fiel reflejo de etc., etc...


(Publicado en Diario de Cádiz)

sábado, 10 de agosto de 2013

la batería de la Primera aguada, por José Manuel Hesle

HACE algunas semanas mi amigo Antonio Peinado, presidente de la asociación de vecinos 2ª Aguada, me comunicaba eufórico que dos de los cañones de Canalejas se instalarán próximamente en su barrio; al parecer formando parte de un monolito que recordará la existencia del Hospital Real Segunda Aguada en la plaza que, a instancias de la asociación que coordina, ya lleva su nombre. Me alegro por Antonio, porque me constan su entusiasmo e ilusión y por la zona a la que representa que poco a poco va dotándose de contenido histórico capaz de favorecer lo que los sociólogos llaman la identificación de los ciudadanos con el territorio. Disposición imprescindible para comenzar a amar y cuidar el lugar en que se vive. 

En esa misma línea comenzamos a trabajar los vecinos de Puntales hace ya bastantes años. A este barrio se le conocía por entonces más por la línea de autobuses que le conectaba con casco antiguo, si acaso por la Térmica, la Campsa o por la Aviación, y menos por el destacado protagonismo que tuviera en la historia de la propia ciudad y en momentos tan decisivos como los que conmemoramos a lo largo del pasado año. Nos dedicamos, mediante el desarrollo de un programa cultural coordinado por la asociación de vecinos, a promover la creación de un barrio educativo; un lugar dónde las calles, la plaza, los patios de las viviendas; las rotondas más tarde fuesen capaces de aportar información relacionada con la relevante participación del lugar y sus habitantes en acontecimientos y momentos históricos destacados. Se instalaron textos explicativos bajo los rótulos de calles y plazas, se solicitaron denominaciones para los nuevos viales que iban surgiendo a la par de la remodelación que el barrio experimentaba, se señalaron lugares especialmente significativos, se gestionó la instalación en espacios públicos de maquinaria procedente de actividades laborales extintas y vinculadas a la náutica, así como de instrumentos de navegación destinados a poner de manifiesto la especial vinculación del barrio con la Armada Española, organizamos actos en los centros educativos y, próxima a la celebración del Doce, reclamamos la instalación en sus calles de elementos relacionados con la efeméride a la que estábamos directamente vinculados. Fue entonces cuando aparecieron los famosos cañones, en las obras de ampliación del aparcamiento de Canalejas. Nos dirigimos al Ayuntamiento y a la Junta de Andalucía para que algunos de ellos se ubicasen en el barrio. El debate sobre el asunto no solo ocupó espacio en el Pleno Municipal, sino que llegó hasta el mismo Parlamento Andaluz. Hubo que aclarar incluso que nunca fue nuestra pretensión instalarlos en la sede de la asociación, sino dotar de contenido cultural a las calles de un barrio cuyo suelo ha sido escenario de gestas y momentos trascendentes. 

Formando parte de las actividades del bicentenario de la Constitución de 1812 tuve la satisfacción de coordinar, junto a Hilda Martín, el programa Cádiz y los lugares del Doce. Nos propusimos acercar la historia a los ciudadanos de hoy dándoles a conocer la decisiva implicación que en los acontecimientos que rememoramos tuvieron aquellos otros que residían en éstos parajes y, sobretodo, en la importancia de entresacar de los hechos remotos enseñanzas útiles para la mejora del presente. Apostamos porque esta forma de mirar la historia llegase a todos los barrios de la ciudad y muy especialmente a aquellos de Extramuros en que se localizan los restos de las fortificaciones que constituyeron el llamado frente de bahía. 

Días atrás me sorprendía la noticia sobre la inexplicable intervención que se ha tenido en los restos del Batería de la 1ª Aguada, como consecuencia de las obras que se realizan en la avenida de Huelva. Llevo años esperando este momento para unirme a la reclamación pública que en su día ya hiciere Juan Antonio Fierro, de una adecuada actuación sobre ésta fortaleza. Aún estamos a tiempo. No, que no se oculten los restos, sino que por el contrario se aprovechen las obras del puente para sacarlos a la luz e incorporarlos al disfrute público como otro más de los importantes vestigios que, de la resistencia frente a las tropas napoleónicas, quedan en esta zona. Como otro más de los lugares del Doce que permitiría la progresiva y definitiva implantación de la propuesta Ruta de los Extramuros. Podría dársele un tratamiento similar al que se procuró en su día al Arco de los Blancos en el barrio del Pópulo. Es decir, que se descubra totalmente el lienzo de muralla o parapeto, dotándole de un foso perimetral protegido por una verja artística. Por supuesto que habrá de instalarse algún tipo de panel informativo que aporte datos al viandante. 

Yo no descartaría, si en el lugar del Ayuntamiento me encontrase, el ubicar también aquí -sin olvidar a Puntales- otro de los famosos cañones.

(Publicado en Diario de Cádiz)

miércoles, 7 de agosto de 2013

El Parlamento andaluz, a Cádiz, por Rafael Román

ES desagradable un enfrentamiento entre familiares. La crisis económica ha puesto de actualidad este tipo de trifulcas, por herencias o por divorcios, que terminan en los juzgados cada vez con mayor frecuencia. 

Hablo de otros familiares: Sevilla y Cádiz. Somos provincias hermanas pero con características distintas. La cualidad de Sevilla es ser una auténtica metrópolis, que, además, es la capital de Andalucía y, como tal, sede de todas las instituciones, salvo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que tiene su centro en Granada. Cádiz por el contrario es una provincia con varios polos -Algeciras, Jerez y Cadiz- y tiene como principal carta de presentación su naturaleza marítima, con numerosos puertos y 285 kilómetros de costa. 

El conflicto. Queda lejos el pleito del traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cadiz, que enturbió las relaciones entre ambas ciudades, y que contó Manuel Ravina -hoy director del Archivo de Indias-. La controversia es otra: Zona Franca. La Zona Franca de Cádiz existe desde 1929 y ahora el diputado por Sevilla y ministro de Hacienda, Montoro, y el presidente del PP-A y alcalde de Sevilla, Zoido, han firmado un acuerdo para poner otra en Sevilla. Es una decisión firme y respaldada políticamente. Es un claro ninguneo a Cádiz y pone en desventaja a la Zona Franca de Cádiz. Es una agresión. Sin dramatizar, sería como si el Gobierno le pusiera a la de Barcelona una en Tarragona o a la de Vigo una en Ferrol, que, con la crisis naval, le haría gran falta, pero sólo se le ha hecho a Cádiz. 

¿Supone esto para Cádiz el fin de la historia? No, pero es un durísimo golpe económico y moral. No tuvimos parque tecnológico -siendo los más industriales- por el de Cartuja en Sevilla y el de Andalucía (PTA) en Málaga. Así que -permítaseme el exabrupto- pidamos el cambio del artículo 4 del Estatuto y que se traslade el Parlamento de Andalucía a Cádiz -títulos para ello nos sobran- y quizá así se empiece a comprender en Sevilla de lo que estamos hablando. 

Nuestra Corporación se dio una enorme prisa por declarar persona "non grata" a Almunia. ¡Qué horror he sentido siempre por ese tipo de reprobaciones inútiles! ¿A qué esperan los que conceden esos abominables títulos para distinguir a Montoro y Zoido? El de Almunia era gratis. Pero la polémica en Cádiz se apaga pronto. En Sevilla lo saben. Y en Cádiz.

(Publicado en Diario de Cádiz)

martes, 30 de julio de 2013

Cádiz Ilustrada lamenta la pérdida irreparable de edificios protegidos

La dejación que lleva a la ruina a estas fincas y su posterior derribo supone un incumplimiento de la Ley de Patrimonio Histórico Andaluz
CÁDIZ. 30/07/2013. La asociación para la salvaguarda y difusión del patrimonio Cádiz Ilustrada lamenta la decisión de las administraciones públicas que está llevando a la pérdida irreparable de edificios protegidos. En los últimos tiempos, la entidad ve con preocupación las órdenes de derribo que están llevando a la destrucción de patrimonio que, previamente, había sido protegido tanto por el presente Plan General de Ordenación Urbana como por el Catálogo General de Bienes Inmuebles de Andalucía.
En este sentido, desde Cádiz Ilustrada se recuerda que los propietarios de estos edificios, en virtud de lo que establece la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía de 2007, tienen la obligación de garantizar la correcta conservación de los mismos. Por ello, la asociación se muestra contraria a la práctica que está llevando al abandono de estos edificios para posteriormente justificar demoliciones que, en todo término, tenían solución de haberse tomado las medidas oportunas de conservación.
Así, desde Cádiz Ilustrada se ve con preocupación y pesar que se estén perdiendo fincas históricas del casco antiguo, protegidas por el PGOU, pese a que en dicho documento se contempla la especial garantías que deben tener estos edificios. Es el caso también, del triste caso de la Escuela de Náutica. Un edificio que se pretende derribar pese a ser una interesante muestra del primer racionalismo y ejemplo de la arquitectura contemporánea de calidad. En este caso, dicho edificio se encuentra protegido por el Catálogo General de Bienes Inmuebles de la Junta de Andalucía.
Por todo lo anterior, desde Cádiz Ilustrada se hace un llamamiento a la coherencia y la legalidad para las administraciones públicas. No es de recibo que las mismas instituciones que salvaguardan los edificios sean las mismas (aunque en diferentes consejerías o delegaciones) que posteriormente decidan derribarlo. De sus decisiones, que deberían ser ejemplarizantes para el resto de propietarios de bienes culturales, depende la conservación de un patrimonio que la ciudad de Cádiz no se puede permitir el lujo de perder.

El Sur también existe por Julio Malo de Molina

Sostenía Fiedrich Nietzsche: “Tenemos necesidad del Sur a cualquier precio. Necesitamos acentos limpios, inocentes, alegres, felices y delicados”. No consta que el poeta y filósofo alemán (1844-1900) visitara Cádiz pero sí ciudades análogas, como Siracusa y La Valetta. Mucho se habla acerca de los parecidos entre Cádiz y la ciudad siciliana, pero más semejanzas podemos encontrar con la capital del Archipiélago Maltés, ombligo del Mediterráneo y origen de los vientos, donde a punto se frustra la Odisea de Homero, a causa de la pasión de Ulises por la ninfa Calipso. La ciudad fundada por marinos fenicios se sitúa en la bocana de una ensenada, protegida por sillares que proceden de sus propios roquedales, como la ostionera que configura nuestra “murallita real”. Cádiz se levanta sobre los restos que deja el Guadalete cuando durante la glaciación de Würn abre un amplio estuario, el archipiélago formado por tres plataformas rocosas que los geógrafos griegos reconocen como: Erytheia o Isla Roja, Kontinousa o Isla de los Acebuches y Antipolis o Isla del León. Hemos recorrido en estos textos la fortaleza marina y tal vez interese también pasear hacía el sur, a lo largo de la barra arenosa en forma de cola de cometa configurada cuando se cierra la laguna gaditana, pues al calentarse el clima el río baja pleno de cargas aluviales que deposita entre las plataformas rocosas.

El Frente de Tierra, al sur de la ciudad amurallada tuvo distintas configuraciones: la medieval, la del XVII, y el Baluarte que construyen los ingenieros militares de Carlos III a base de un complejo sistema de glacis, muros y contraminas que hoy sólo puede verse en la maqueta de 1777 tal como se conserva en el Museo de las Cortes. Quedan unos restos que parecen el acceso a un parque temático, con esa torre cuyas garitas no aguantarían una carga de artillería. Funciona como charnela entre dos barrios yuxtapuestos, el Cádiz Intramuros y Puerta Tierra que comienza a urbanizarse cuando se levantan servidumbres militares que controlaban ese territorio del sur, lo cual permite la implantación en 1906 de la línea de tranvías desde el centro antiguo de Cádiz hasta San Carlos y la Carraca, que enlaza antiguos arrabales con nuevos lugares de residencia y recreo: El Transwaal, las Tres Marías, Vista Hermosa y el Balneario de la Victoria. Un modelo de ciudad lineal maltratada por desarrollos inmobiliarios durante los años sesenta y setenta, que han afectado a importantes restos arqueológicos, como las necrópolis púnicas de Punta de Vaca y Santa María del Mar, el acueducto romano; y las Baterías de Primera y Segunda Aguada. El soterramiento ferroviario y el nuevo puente sobre la Bahía alteran esta morfología lineal que se apoyaba en tres elementos. La Avenida, el tranvía y el ferrocarril. Queda un paseo mágico que debemos recomendar al visitante, el que se puede recorrer al menos parcialmente desde La Caleta hasta el Castillo de Sancti Petri en cuyo lugar se levantaba el templo al Melkart de los fenicios y al Hércules romano. Magnífico litoral a poniente y al infinito océano siguiendo la Vía Augusta cuyos sillares aún pueden reconocerse en el tramo conocido como Playita de las Mujeres.


JULIO MALO DE MOLINA_YESWEAREcreativelab_javiereina_0001

domingo, 28 de julio de 2013

Cádiz. Patrimonio urbano

«Para Cádiz es mejor un rascacielos de 30 plantas que varios bloques de 12»

28.07.13 - 00:41 -

Escuela de Náutica. Cádiz
A diario pasamos junto a verdaderas obras de arte que nuestros ojos se empeñan en no mirar. Son joyas arquitectónicas cuya virtud sólo está al alcance de los expertos en técnicas constructivas o corrientes artísticas, pero que el ciudadano de a pie ha hecho suyas a base de usarlas, en el mejor de los casos, o de cambiar de acera para evitar que se le caiga un trozo encima en el peor. Es difícil valorar lo que no se conoce y por eso es bueno recurrir a los que saben para que pongan las cosas en su sitio, en su medida y en su momento. El decano del Colegio de Arquitectos de Cádiz, Víctor Manuel Gómez, ve la ciudad con otros ojos, con los ojos del que mira y comprende. Por eso hay que hacerle caso cuando advierte de la importancia que tiene cuidar un patrimonio, el más reciente, el del siglo XX, al que no se le ha prestado en los últimos años la atención y el cuidado necesarios.
Los ejemplos más llamativos son los de dos edificios que parecen tener sus días contados: El Olivillo y la Escuela de Náutica, ambos en el entorno de la playa de La Caleta, con un estado de conservación penoso y unas perspectivas poco halagüeñas. Víctor Manuel Gómez destaca algunas de las virtudes de estos edificios. Respecto a El Olivillo, un edificio que se concibió en principio para acoger viviendas y que más tarde se adaptó para darle un uso sanitario, explica que tiene el mérito de haberse integrado perfectamente en el entramado urbano, con una escala que encaja a la perfección con las construcciones cercanas. Eso, además de ser «un edificio que responde a una arquitectura moderna, del más puro estilo racionalista y en el que destacan sus vuelos y la disposición de sus huecos». El edificio fue levantado en 1949 por Rafael Hidalgo y Antonio Sánchez Esteve, uno de los grandes referentes de la arquitectura contemporánea en Cádiz.
Y un valor mayor si cabe tiene el edificio colindante de la Escuela de Náutica. Construido en 1970 por José López Zanón y Luis Laorga Gutiérrez, fue un inmueble «absolutamente moderno para su época», además de responder perfectamente al uso con que se concibió y quedar plenamente integrado en el entorno. En su Guía de Arquitectura de Cádiz, Juan Jiménez Mata y Julio Malo de Molina se refieren a él como una «impactante edificación, de una modernidad ecléctica, que evoca recursos expresivos del primer racionalismo y se implanta con acierto en una relevante posición». Pero todo esto parece no ser suficiente para garantizar la pervivencia de ambos edificios, que dependen de las decisiones de futuro de la Junta de Andalucía.
Pero estos son sólo algunos ejemplos de actualidad. En la ciudad hay otros muchos edificios contemporáneos con un valor que se apreciará con el tiempo, e igual que ahora los grupos de turistas se paran ante las casas palacio de los siglos XVII y XVIII, con sus fachadas recargadas, sus balcones barrocos y sus torres miradores -con estéticas que responden a las necesidades constructivas del momento y que en algunos casos serían apreciadas con escandalosas muestras de desaprobación por parte de los gaditanos de la época-, se convertirán en referente arquitectónico, pero sobre todo en testigos y muestras de la historia de la ciudad. Ese es justo uno de los grandes méritos de una ciudad con nulas posibilidades de expansión como Cádiz, según comenta el decano de los arquitectos de la provincia, «el haber sabido conjugar y mantener muestras de la arquitectura de cada época histórica por la que ha pasado, desde la fenicia a la actualidad». Algunos de esos inmuebles que darán cuenta de lo que fuimos son, por citar sólo algunos, el edificio de Correos, el de Telefónica en la calle Ancha, el de Transmediterránea en la avenida Ramón de Carranza, la Ciudad del Mar en Puerto América, el Balneario de la Palma, el edificio de los históricos almacenes Hermu (en la esquina del Palillero y Columela) o el cercano edificio del Cine Municipal.
Pero no sólo en el casco histórico hay edificios de gran valor arquitectónico. También en extramuros, donde pueden pasar aún más desapercibidos, hay importantes ejemplos de la excelencia constructiva del siglo XX. Ahí están el Instituto Drago, el Pirulí, la torre de tendido eléctrico de Puntales, el Edificio Asdrúbal, la Iglesia de San Severiano o la espectacular Casa Grosso en Bahía Blanca. Por el momento, todos estos ejemplos tienen un valor y un mérito que garantizan su pervivencia, y es que son construcciones vividas, con uso. Esto, según el decano de los arquitectos, es la mejor forma de protección, más allá de aparecer en un catálogo o de tener un grado de protección en el Plan General de Ordenación Urbana.
En ese punto detiene su atención Víctor Manuel Gómez. «Hemos atravesado distintas épocas en las que ha habido obsesión por protegerlo todo y otras en las que las administraciones se han desentendido de sus deberes de conservación por completo. Y en el término medio está la virtud. Los arquitectos tenemos un principio, y es que no nos gusta derribar nada. Pero para las ciudades como Cádiz las únicas posibilidades de regenerarse son la rehabilitación y la sustitución de unas piezas por otras. La clave, lo que dice si esas piezas nuevas son buenas, es la integración que se consiga en la ciudad».
Por supuesto, Gómez considera que hay edificios, que aún teniendo cierto grado de protección en el PGOU de Cádiz, son sustituibles. Es el caso de uno de los que han levantado polémica en las últimas semanas, el inmueble de la calle Cruz, 11, donde Procasa prevé levantar otro edificio para viviendas. «Es el ejemplo de una construcción que no tiene valor como para estar protegida». De igual forma, está convencido de que no se pueden solucionar conflictos de conservación, como el de la Escuela de Náutica, obligando a mantener las fachadas y dejando hacer por dentro todo tipo de actuaciones. «Un edificio es lo más parecido a una persona. Su estructura es como nuestro esqueleto, y su fachada es nuestra piel. No se entiende una cosa sin la otra. Esos edificios deben tirarse o mantenerse con todas sus consecuencias, porque la piel que tiene ese edificio responde a su estructura y a su uso», comenta.
Mucho se ha hablado en los últimos años de los hitos que el Ayuntamiento de Cádiz contemplaba construir en la avenida Juan Carlos I. Varias torres para oficinas y viviendas de gran altura que se convertirían en referentes dentro del urbanismo de una ciudad que a lo largo de su historia, con desafortunadas excepciones, ha sabido mantener una uniformidad bastante llamativa.
En estos momentos parece que los proyectos están aparcados, básicamente, por que la situación financiera no invita a las empresas del sector constructivo ni a las administraciones públicas a embarcarse en grandes inversiones. No obstante, el PGOU contempla la posibilidad de que se levanten en algún momento y es una opción que los profesionales de la arquitectura ven con buenos ojos.
Víctor Manuel Gómez es partidario de este tipo de grandes edificios, pero con un condicionante: «que estén bien integrados en la ciudad y no causen problemas». Con ello se refiere a que no tiene sentido levantar un gran edificio de viviendas si no se rodea de espacios de esparcimiento y de equipamientos que den servicio a las personas que vayan a vivir en dicho 'hito'.
Gómez huye de las «medias tintas». «Es preferible un edificio de 30 plantas con espacio libre alrededor que colmatar la ciudad con varios edificios de doce o catorce plantas», afirma. En zonas densamente pobladas, como el barrio de La Laguna, una construcción así no haría sino colapsar la vida de sus vecinos.
Respecto a otros grandes proyectos arquitectónicos pendientes en la ciudad, como el nuevo Hospital, la Ciudad de la Justicia o la nueva Subdelegación del Gobierno, no cree que haya que poner límites a la creatividad de sus autores, simplemente deben estar bien construidos, «y ya los gaditanos los harán suyos, que es lo que han hecho con todo lo que han ido heredando a lo largo de la historia».
(Publicado en La Voz de Cádiz)